
Conozco sobre diarismo en un periódico desde 1992. Cursaba entonces el primer año de Comunicación Social —pero con buena carga de Periodismo— y junto a los compañeros de aula frecuentaba la redacción del Sierra Maestra, en Santiago de Cuba. Íbamos cautivados por tanto olor a tinta fresca y plomo ardiente. Gustábamos de compartir el ajetreo de los periodistas, correctores, diseñadores y linotipistas. A la vez descubríamos los encantos de una profesión urgida a vivir en el día a día.
Disfrutábamos nuestras primicias editoriales cada vez que veíamos lo recién redactado saliendo por la rotativa. Soñábamos conque transcurridos cinco años, tendríamos para siempre esa rutina diaria de tener, impresas en papel, las noticias, reportajes, entrevistas, comentarios y cuántos productos comunicativos pudiéramos escribir. Inesperadamente, llegó el crudo Período Especial y truncó nuestros anhelos. Sigue leyendo

Levanto la mano a favor de ellos. Sobre todo de los que manifiestan sentirse poco atendidos o desorientados en cuanto a
En nombre de Adriana Pérez O´Conor, la esposa de Gerardo Hernández Nordelo, y en el de más de 4 millones de federadas cubanas, que como ella no pueden entender este nuevo ensañamiento vengativo, feroz, del Departamento de Estado, que precisamente el día en que cumplían 21 años de casados y por décima vez, acaba de denegarle la solicitud de visado para encontrarse con su esposo, derecho reconocido a toda persona encarcelada en ese país, para ver a sus familiares todos los meses; en nombre de la razón y la dignidad humanas, llamamos a las mujeres del mundo.
Para los cubanos es habitual decir, cada vez que se presagia una trifulca, «Esto se va a acabar como la fiesta del Guatao».
Latinoamérica huele a algo diferente. A un perfume que trae la esencia de ese actor indispensable del «extraño y apasionante drama que es la construcción del socialismo», como avizoró el Che.