La América Joven

cheLatinoamérica huele a algo diferente. A un perfume que trae la esencia de ese actor indispensable del «extraño y apasionante drama que es la construcción del socialismo», como avizoró el Che.

Desde la década del sesenta él nos hablaba de ese hombre nuevo. Los escépticos no querrán reconocerlo, pero su personalidad se yergue en el centro y sur del continente. Brota desde esta pequeña isla y se expande hasta penetrar en las raíces de Los Andes. Por aquí y allá desanda los caminos. Transita cordilleras, vados y selvas para compartir pesares y bienaventuranzas.

En pleno siglo XXI a muchos les agrada este aliento humano, indispensable de una sociedad democrática. Se trata del legado histórico de pensadores avanzados para su época como José Martí y Simón Bolívar. Ellos reflexionaron sobre la necesidad de convertir al hombre —incluida la mujer— en la medida de todas las cosas. Aunque el sentido común aparentara confirmar lo opuesto.

En Cuba, por ejemplo, la ilación de ideas —desde Félix Varela hasta Fidel Castro— permite constatar ese hálito renovador. Martí, siempre universal, habló del hombre homagno. El Che lo hizo más contemporáneo. Fidel, con su definición de capital humano, completa un tríptico de ideas necesarias para enfrentar la globalización neoliberal y avanzar hacia «la última y más importante ambición revolucionaria que es ver al hombre liberado de su enajenación».

Así hoy, las puertas se abren a este aire esperanzador. La multitud latinoamericana lo acepta. Bien venga de cabezas rapadas o melenudas, de vestimentas estrafalarias, o más conservadoras. De muchachas y muchachos entremezclados, desinhibidos y capaces de cultivar el amor en todos los colores posibles.

Cierto es que ellos imponen un ritmo de vida agitado. De música escandalizante, de aretes y tatuajes en el lugar menos imaginado del cuerpo. Son tiempos de una semidesnudez desmedida, pero el ropaje interior, el de los sentimientos, valida el paradigma guevariano de manera cotidiana. Ya sea en Cuba, Venezuela, Bolivia, Nicaragua, Ecuador, Honduras…

Justo allí, donde un pérfido golpe de estado insiste en simular tranquilidad correadentro del desorden y las protestas, se alza la voz de una joven en defensa de su padre y presidente constitucional. Más acá, en la mitad del mundo, un mandatario de corta edad baila y canta junto a su pueblo. Festeja dos siglos de independencia. Habla de sueños posibles. Pide confianza. Asegura ajustar las riendas. Y apenas existen dudas de que Rafael Correa logre llevar por buen sendero a la masa que lo reeligió sin segunda vuelta.

¿Quién no se contagia con tanto palpitar? ¿Con el olor de lo nuevo? ¿Con una generación fragante, portadora de los principios éticos de un héroe tan cercano como el Che? Porque, para muchos, el Guerrillero Heroico no es la simple estampa que exhiben en una camiseta, sino la ofrenda diaria de imitarlo.

Ahora la juventud de América Latina se descubre a sí misma. Se declara nueva. Toma conciencia de la necesidad de defender, cuidar y acumular principios y convicciones tan superiores como los de sus padres y abuelos. Levantan espiritualidades en todo el continente.bolivia

En efecto, el ambiente se contamina con tanto compromiso. Aunque se trate de una imagen inacabada, ahí está el hombre nuevo. Invade todos los espacios, con individualidades diversas, de carne y hueso, pero sin desligarse. Cada cual supera las diferencias y se unifican para trabajar, luchar y morir día a día por lograr un mundo de justicia y equidad.

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