Levanto la mano a favor de ellos. Sobre todo de los que manifiestan sentirse poco atendidos o desorientados en cuanto a problemas propios de su sexo. Que para muchos va dejando de ser el más fuerte.
Lejos hemos dejado el debate sobre si las mujeres somos, o dejamos de ser débiles. Sobran ejemplos para ilustrar cómo, cada vez más, nos igualamos a los hombres. Por eso vale alertar que la balanza no puede inclinarse demasiado hacia nuestro lado. Valdría mejor encontrar el equilibrio.
Nada ganaremos si simulamos a escala social el juego de tensar una soga probando fuerzas desde bandos opuestos. Hasta ver quién vence. Prefiero observar este asunto como una cuerda ondulante, como el baile de una suiza entre dos. Francamente, considero inapropiado olvidarnos de las atenciones que requiere la parte varonil de la sociedad. Sigue leyendo
