Levanto la mano a favor de ellos. Sobre todo de los que manifiestan sentirse poco atendidos o desorientados en cuanto a problemas propios de su sexo. Que para muchos va dejando de ser el más fuerte.
Lejos hemos dejado el debate sobre si las mujeres somos, o dejamos de ser débiles. Sobran ejemplos para ilustrar cómo, cada vez más, nos igualamos a los hombres. Por eso vale alertar que la balanza no puede inclinarse demasiado hacia nuestro lado. Valdría mejor encontrar el equilibrio.
Nada ganaremos si simulamos a escala social el juego de tensar una soga probando fuerzas desde bandos opuestos. Hasta ver quién vence. Prefiero observar este asunto como una cuerda ondulante, como el baile de una suiza entre dos. Francamente, considero inapropiado olvidarnos de las atenciones que requiere la parte varonil de la sociedad.
Desde mi óptica femenina considero que a los varones —bien sean amigos, padres, hijos, esposos o compañeros de trabajo— les falta orientación, y en consecuencia interés, por el cuidado a sí mismos. A veces los descubro con extravíos respecto a la prevención de enfermedades exclusivas de los órganos reproductores masculinos, o ajenos a los hábitos estéticos impuestos por la contemporaneidad.
Gracias a la lucha por la emancipación de la mujer, nos hemos hecho fuertes en terrenos que antes nos eran vedados. Desde mediados del siglo pasado comenzamos a llenar universidades y a ocupar puestos de trabajo que solo eran destinados a los hombres.
Esta impronta social femenina los obliga a ellos a una renuncia de sus privilegios y prejuicios. Para muchos no es fácil. Sobre todo en Cuba, donde las concepciones machistas se encuentran tan arraigadas.
Mas, es hora de que se despojen de posiciones retrogradas y asuman la igualdad de género desde todas sus aristas.
Nosotras hemos aprendido a analizar y solucionar los conflictos de la femineidad con gran vehemencia. No obstante, tenemos presente que ellos nos acompañan en este viaje por la vida. Por lo que las puertas de las Casas de Orientación a la Mujer y a la Familia, creadas por la Federación de Mujeres Cubanas, también se les abren.
Aunque, en verdad, pocos acuden a las consultas de los especialistas para evacuar sus inquietudes. Erróneamente consideran que visitar a un psicólogo los convertirá en tipos menos duros. A fin de cuentas, quienes no lo hacen sufren desmedidamente sus propias contrariedades internas.
Las causas, en mi opinión, surgen por la herencia de un régimen de convivencia patriarcal, con la imagen esteriotipada de un padre enérgico, autoritario, severo… el único para sustentar económicamente la familia.
Cincuenta años atrás, no se esperaba que se involucrase en el cuidado diario de la casa o de la descendencia. Era algo visto como responsabilidad exclusiva de las madres. Pero, cuánto tiempo más debemos esperar para percibir cambios en la conducta masculina.
Cierto, no pueden experiméntalos radicalmente. No obstante, existen ejemplos de núcleos familiares donde los integrantes de ambos sexos asumen por igual las labores hogareñas. Mas, limpiar, cocinar, lavar, planchar, y atender a los hijos todavía no ocupa un lugar priorizado en la agenda de los hombres.
Únicamente en el aspecto paternal revelan indiscutibles evoluciones. Razones para que en Cuba se haya incluido en la Ley de la Maternidad la posibilidad de otorgarle a ellos el derecho de acogerse a la licencia por un año para cuidar del recién nacido. Y pocos lo han solicitado. También acabamos de aprobar los beneficios de seguridad social para los viudos. 
El axioma no tiene retroceso: si la presencia femenina en la sociedad ha cambiado, así debe ocurrir en el rol de los varones.
Se trata de una arista del debate de género poco abordada. No podemos observar la igualdad entre ambos sexos sólo como la defensa de los derechos femeninos. Somos las caras de una misma moneda.





Siempre me ha parecido paradójico lo completamente inéptos que pueden ser muchos tipos que se la dan de “duros”, pero que son inútiles para esas proezas cotidianas que, empero, le dejan al sexo que consideran “débil”… ¿En qué quedamos?
11 años becado y 6 (sobre)viviendo en La Habana me han hecho un vanguardista del machismo*: yo no dependo de las mujeres para hacer todo lo secular y culturalmente asignado a ellas, como planchar, lavar, cocinar, limpiar, etc…
A veces tengo que ponerme troglodita porque las mujeres tienen sus mañas, y cuando vengo a ver ya soy la versión santaclarea del Bacán… Tan lindas y tan abusadoras…
* ojo: un vanguardista del machismo no es un machista que trabaja en el Vanguardia…
Pingback: Hombres: ¿Moneda Dura?
Te agradezco el comentario Charly, y más la confesión de tu «vanguardismo». Ojalá fueras uno de los que trabajan a mi lado, para tirar de tus orejas por ese machismo empedernido. Si de mañas se trata cada sexo tiene las suyas. Busquemos el equilibrio y ganeremos a la par.
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Tal cual ,creo que en estos últimos tiempos se han dada cambios con respecto al hombre y la mujer muy importantes. Por ejemplo: el poder hoy no es exclusivo del hombre en la política. Todavía hay cosas que cambiar pero la mujer es más protagonista en todo en estos tiempos.