Las supersticiones son creencias extrañas. Significan tener fe desmedida respecto a una cosa. Aunque a su vez contradigan la razón. Por mucho que los estudios socioculturales intenten demostrar que forman parte del imaginario popular, todavía existen habitantes de nuestros campos que argumentan la veracidad de los llamados agüeros.
Entienden como tales esas señales o anuncios, conocidos también como presagios y vaticinios de algo por pasar en un futuro inmediato. En dependencia de las consecuencias y según la creencia pueden ser buenos, si provocan felicidad o buenaventura. Mientras que, serán malos, si ocurre lo contrario.
Especialistas en el tema señalan que tales hechos poseen siempre un carácter natural. Según sus consideraciones, para los más supersticiosos, «el augurio no tiene rango de sobrenatural, aunque sí mistifique su significado».
En este sentido, apuntan entre las predicciones más comunes para referir maleficios que se quiebre un espejo, o mirarse en uno ya roto; botar sal, aceite, pimienta o arroz; tener un cuadro inclinado colgado en la pared, encontrar un alfiler o escuchar el canto de la lechuza. Otros menos probables —pero igualmente posibles—, son que una gallina cante como gallo, o encontrar un trébol de cuatro hojas. Sigue leyendo
