Aida Juana aspira llegar a los 120 años

Por Giormis Gómez Guillén
Fotos:Cristyan González Alfonso

Contar 120 almanaques, se ha convertido en la aspiración de muchas personas. Llegar, al menos al centenario, constituye un buen augurio para quienes como Carlos Gardel afirman que 20 años no son nada.100-anos-cga-3-small

Una de esas personas especiales, que peinan una cabellera de  experiencia y sabiduría, es Aida Juana Acosta Ortega, o simplemente Aida, como prefiere ser nombrada. Delgada, espontánea y muy coqueta. Así se nos presentó esta anciana, el pasado 10 de febrero. Nos recibió lista para el jolgorio organizado por los vecinos del edificio 8, en el reparto Virginia de esta ciudad. El propósito consistía en festejar los 100 años de la federada más longeva.

Ella, por su parte, en cuanto conoció de la presencia de un  fotoreportero, inmediatamente se maquilló y posó para un sinnúmero de fotografías. Con sonrisa natural, acomodada en el sillón, rodeada de sus seres queridos y amigos más allegados se mostró dispuesta al diálogo.

—¿Cuándo y dónde nació usted?

—Vine al mundo en Calabazar de Sagua, en 1910, a la primera hora del día.

—¿Cuántos hermanos tuvo?

—Éramos nueve. Algunos murieron y otros viven aún.

—¿Cuál de ellos celebró los 100 años?

—Ninguno. Sólo una de las hembras, me sigue los pasos con 97 almanaques.

–¿Cómo recuerda a sus padres?

—Eran muy amorosos.

Aida hace una pausa. Tal vez rememorar la infancia la entristezca. Pero su carácter es alegre, incluso la edad no la limita de mover el cuerpo al compás de los Van Van. ¡Maravillada quedé al verla!

—¿Siempre bailó tan bien?

—Desde joven mi mamá nos enseñó a disfrutar del baile.100-anos-cga-5-small

—¿Y los novios? ¿Cuándo aparecieron?

—(Sonríe pícaramente) El primero y único lo tuve a los 18 años. Nos casamos y tuve ocho hijos.

De pronto la mirada de Aida se humedece. El recuerdo de sus más preciados tesoros la conminan al silencio. Tras la pausa añade:

«Solo me queda uno de ellos, de 74 años, y vive conmigo. También tengo a mis nietos a los cuales adoro.»

—¿Por qué decidió venir a residir en Santa Clara?

—He vivivdo en varios municipios de Villa Clara y de Cuba. De Calabazar me fui para Quemado de Guines. También estuve unos años en Melena del Sur, allá en La Habana. Durante siete años permanecí en Oriente. Me trasladé a Santa Clara porque mi hijo lo quiso así.

—¿Cuál fue la ciudad que más le gustó?

—Calabazar de Sagua. Pero donde mejor me he sentido ha sido en este edificio, donde los vecinos han llegado a ocupar el lugar de  mi familia.

—Conocemos que todavía se desempeña en las labores domésticas, ¿cómo es posible a su edad?

—Me gusta sentirme útil. Lavo, cocino, limpio y mientras tenga salud cumpliré con mis deberes de ama de casa.

—¿Alguna vez compartió esas tareas con las de obrera?

—¡Claro! Trabajé en la fábrica de conservas Los Atrevidos.

—¿Tiene alguna preferencia especial?

—La lectura, sobre todo de periódicos. Busco las noticias para estar al día. Además, a veces les escribo a mis familiares lejanos.

—¿Qué le aconsejaría a quienes aspiran llegar a los 120 años?

—Vivir con honestidad y ser buenos trabajadores. El trabajo no mata a nadie, mírenme a mí.

Cuba, según el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, se considera un país altamente desarrollado debido a la calidad de vida alcanzada. Entre los aspectos a considerar está la longevidad. La larga vida de la población, resulta por tanto una de las conquistas de la Salud en la Isla. En este aspecto Villa Clara sobre sale como una de las provincias de mayor promedio de edad en las féminas. Esperemos que sean muchas más las que como Aida entonen el tango de Gardel y lleguen a los 120 años.

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