Regla Torres, la joya del siglo en el voleibol

Por Osvaldo Rojas Garay

«En mis tiempos las voleibolistas eran más completas», afirma Regla Torres Herrera, la mejor jugadora del pasado siglo xx.

Era su día de cumpleaños y por un momento dudé si debía mantener en firme mi empeño de entrevistarla. Me parecía que era abusar de su generosidad en una fecha tan especial.

Mas una sonrisa y sus dulces palabras aliviaron mi preocupación. «Tranquilo, periodista, no hay problema, yo quedé contigo en que la entrevista era hoy, ¿no?», me dijo.

Así, en lugar de hacer yo el regalo, fue Regla Torres Herrera quien me hizo un regalo inolvidable la noche del  pasado 12 de febrero, cuando en poco más de tres horas me contó los detalles más significativos de sus 35 años de vida.

Descubrí entonces que detrás de la bella y esbelta morena que cautivó al mundo con su accionar sobre la cancha, al punto de ser elegida la mejor voleibolista del planeta en el siglo xx, se esconde también una lectora acuciosa de cuanto libro le cae en sus mágicas manos, una amante de la música que lo mismo disfruta de un hip hop, un número romántico internacional o algo hecho en casa al estilo de Manolito Simonet y su Trabuco.

—¿Cómo llegaste al voleibol?

—No tenía inclinación por ningún deporte. Mi mamá me matriculó en una escuela donde aprendí a jugarlo. Tendría unos 8 años. Después ingresé en la EIDE hasta los 13.

«Luego pasé a la ESPA, y a los 16 logré hacer el equipo Cuba a los Juegos Pana­mericanos de La Habana 91.»

—Tras ese evento asististe al año siguiente a tus primeros Juegos Olímpicos, donde al igual que Mireya Luis, Magalys Carvajal y Regla Bell participaste en los 20 sets jugados por las criollas. ¿Qué recuerdas de aquella cita estival realizada en Barcelona?

—Para serte honesta, no recuerdo mucho. Era muy joven y no tenía la suficiente madurez en aquel momento como para estar bien clara de lo que significaba una Olimpiada.

—Cuéntame la anécdota con Fidel después de los Juegos.

—Cuando llegábamos de las Olim­piadas y de los  mundiales, Fidel siempre nos recibía. En Barcelona 92 yo había fallado muchos saques, y al regreso le dijo a Eugenio George que me pusiera a hacer saques todos los días.

—¿Admirabas a alguien en particular en tus inicios?

—A Magalys Carvajal. Me servía como un ejemplo a seguir. Me fijaba mucho en su juego. Era muy completa. También me gustaba el juego de Mireyita Luis, Marlenis Costa y Regla Bell. De las anteriores al grupo que reinó en los 90 admiraba a Lázara González.

—¿Con quiénes te llevabas mejor?

—Tenía buenas relaciones con Marlenis Costa y Magalys Carvajal. No es que me llevara mal con las demás, pero una siempre tiene a alguien con quien se relaciona más.

—En el voleibol lo alcanzaste todo. Tres títulos olímpicos, dos mundiales, igual número de lauros en Copas del Mundo y Grand Prix, además de haber sido elegida la mejor jugadora en las justas planetarias de 1994 y 1998. ¿Cuáles de esos momentos jamás olvidarías?

—Hay dos momentos para mí inolvidables. En el Mundial de 1994, en Brasil, cuando ganamos todos los juegos por tres sets a cero, incluyendo el que nos dio el título frente a Brasil.

«El otro fue la tercera medalla de oro olímpica en Sydney-2000. El partido contra Rusia resultó muy fuerte, de mucho desgaste físico y psíquico. Antes de llegar a esos Juegos tuve que operarme por segunda vez de la rodilla derecha, lo cual casi imposibilita mi presencia allí.»

—Mencionaste el gran triunfo sobre las brasileñas en la justa planetaria de 1994. Háblame un poco de la rivalidad con las jugadoras del Gigante Sudamericano, sobre todo en esa década.

—Teníamos un temperamento muy parecido. Muchas veces los árbitros temían pitar un partido nuestro. Se jugaba a un ritmo muy fuerte.

«Antes de 1994 había buenas relaciones, pero después la rivalidad fue creciendo, al extremo de que en el Grand Prix de 1996 ocurrió un incidente por el cual nos llamaron la atención a los dos equipos y la Federación Internacional determinó sancionar por el resto del campeonato a dos jugadoras por bando; en este caso, a Ana Flavia y Filo Bodziak por las brasileñas, y a Regla Bell y a mí por las nuestras.»

—¿Por qué te fuiste tan joven (27 años) del voleibol?

—Primero las lesiones. Tuvieron que operarme en tres oportunidades de las rodillas, psíquicamente estaba cansada y muchas de mis compañeras ya no formaban parte del equipo. Me sentí fuera de lugar y decidí retirarme en el 2002, después del Mundial de Alemania.

—¿Qué fueron para ti Eugenio George y el desaparecido Antonio Perdomo?

—Ambos tenían mucha psicología y sabiduría. Para mí han sido los mejores entrenadores del mundo. Es difícil controlar a tantas mujeres juntas. Ellos hicieron durante mucho tiempo ese trabajo y lograron mantenernos en el máximo nivel a través de los años.

«Le dedicaron su vida al voleibol y se convirtieron también en nuestros padres, porque muchas veces eran ellos los que estaban para resolvernos los problemas.»

—Desde tu puesto actual como miembro del colectivo técnico de la selección nacional, ¿qué diferencias observas entre estas jugadoras y las de tu generación?

—Una pregunta difícil. Anteriormente las reglas eran más estrechas y por eso las jugadoras necesitaban jugar más limpio. Tenían que ser universales. Hoy no abundan las jugadoras universales.

«Creo que en este sentido antes se jugaba más fino. Hay buenas atacadoras, pero siempre falta algo. En mis tiempos las voleibolistas eran más completas.»

—Partiendo de tu propia definición, ¿consideras que fuiste una jugadora universal?

—Todas lo éramos. En nuestro equipo cualquiera podía jugar en cualquier posición. Entrenábamos para eso. En la mayor parte de mi carrera no existió la líbero, por eso tenías que saber hacerlo todo.

—¿Crees que hemos bajado el nivel?

—Estamos en una etapa difícil. Hay equipos que han sido muy buenos y en algún momento han bajado su nivel porque están en la búsqueda de talentos.

«El pueblo cubano se acostumbró a ver ganar a nuestro equipo; sin embargo, te repito, hay una etapa en la que esto puede suceder, aunque también existe una realidad, hoy las jugadoras llegan con muchos problemas. En otros tiempos había que perfeccionarse para integrar la preselección nacional.

«Y no es que los entrenadores de la base no hagan un buen trabajo. Hoy los implementos deportivos escasean. A veces hay técnicos que se ven precisados a entrenar a 15 jugadoras con solo dos balones.»
Regla Torres, la mejor voleibolista del pasado siglo, considera que actualmente las jugadores llegan con muchos problemas técnicos a la preselección nacional de voleibol de Cuba.

—¿Cómo te enteraste de qué habías sido seleccionada la mejor voleibolista del siglo xx?

—Supe que estaban haciendo la encuesta cuando regresamos de Sydney. Me encontraba en Varadero. Me dijeron que también estaban entre las aspirantes Mireya Luis y Mercedes Mamita Pérez. No le di mucha importancia al asunto, hasta que dieron a conocer la noticia, andaba por las calles y al regresar a la casa todo el mundo comenzó a felicitarme.

—¿Qué significó para ti tal designación?

—Mucho. Cuántas jugadoras tan maravillosas hubo a lo largo del siglo xx y que a una la designen con ese título es, sin duda, un tremendo honor.

—Me decía Juan Carlos Gala, el DT de la selección nacional, que la mujer cubana tiene algo que la distingue de las demás. En tu opinión, ¿cuál es ese «algo»?

—La fortaleza en la mente, en el espíritu, el orgullo propio y el respeto a sí misma. Son cualidades que nos llevan a hacer exitosamente cualquier cosa que nos propongamos.

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