Paulino:«No nací para estar quieto»

Foto y Fotocopia: Ramón Barreras Valdés

A la hora fijada —1:30 p.m, del miércoles 15 de septiembre— la vivienda # 119 de la calle Gloria, esquina a La Cruz, en la ciudad de Santa Clara mantenía la puerta abierta. Uno de sus moradores estaba a la espera de nuestra visita. Mientras tanto, como cada día, se actualizaba del acontecer noticioso a través del periódico Granma.

«Buenas tardes, pase y póngase cómoda», indicó mi interlocutor y enseguida comprendí que en lugar de una entrevista se suscitaría un ameno diálogo.
Un cuadro con la imagen del Guerrillero Heroico, sobresale en una de las paredes de la sala. Encima del enorme librero un busto cuya  pequeñez no minimiza el rostro del gran hombre que representa: Vladimir Ilich Lenin.

Enseguida sospeché que la conversación transitaría por diversos temas.
«Tengo el hábito de guardarlo todo», afirmó Paulino Reyes Moreno, como si adivinara la primera pregunta. Al instante, entre las octogenarias manos, apareció un cúmulo de sobres, estandartes y  diplomas.

«Aprendí desde pequeño a conservar hasta lo más insignificante. Vivir con mis abuelos me convirtió en una persona meticulosa. Con ellos forjé mi carácter. Aprendí a defender  las causas justas y nobles».

De pronto, lo vimos expandir sobre sus piernas una gran pañoleta roja. En el centro resalta el logotipo azul del 1er Congreso de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR). «Otro de mis gratos recuerdos, porque asistí como invitado», añadió.

Gracias a su afán por conservar hasta el más pequeño de los escritos Paulino donó recientemente, al museo nacional de los CDR, disímiles documentos que atesoraba.

«No son simples escritos, sino detalles del funcionamiento de la organización durante un período de mucha efervescencia revolucionaria», explica mientras acaricia su cabellera casi despoblada.

«Eran otros tiempos —continúa y su mirada revela nostalgia—, sin tantas convocatorias. Las personas salían por iniciativa propia para enfrentar a los delincuentes. Desde que Fidel nos convocó a crear en cada cuadra un comité, cumplíamos el principal deber de vigilar casa a casa».

Era la época en que este hombre, todavía radicaba en su natal Camajuaní. Con anterioridad, allí se vinculó al Partido Socialista Popular y no dudó en realizar acciones de propaganda clandestina para apoyar a quienes combatían contra el régimen de Fulgencio Batista.

«En esos trajines andaba —rememora— cuando conocimos que el Che venía al frente de la Columna 8 para liberar el pueblo. No hizo falta, porque los casquitos se fueron por sí solos. Ya los rebeldes habían derribado el puente de Falcón. A los camajuanenses nos correspondió proveer de alimentos a la tropa que continuaba su camino para combatir en Santa Clara. Ese fue mi aporte para la victoria del 1º de Enero de 1959».

Por eso, Paulino exhibe orgulloso el sello de Combatiente de la Revolución Cubana. Mas, su empeño mayor comenzó a inicios de 1966. En esa fecha lo designaron coordinador de los CDR en la antigua provincia Las Villas. Así se convirtió en el segundo que asumía esa responsabilidad en el territorio.

«Enorme tarea aquella. Imagínese, recorría toda la región central. Desde Yaguajay hasta Aguada de Pasajeros. Pero repito, todos cooperaban. No se dormía. Llevaba una vida muy agitada. ¡Y eso de andar en carros era tremendo rollo! En cualquier camino podíamos quedarnos a medio andar. Salíamos para una región o municipio, y a veces era imposible regresar el mismo día por las roturas de alguna pieza».

Hasta finales de 1969 se mantuvo al frente de los CDR en la provincia central de Cuba. Resultó tiempo suficiente para reordenar la vida cederista entre los villareños. «En eso incidió mucho el apoyo del Partido, dirigido por Arnaldo Milián. Siempre nos mantuvimos a la vanguardia en el país».

Al comparar el pasado con el presente, este fundador de la mayor organización de masas en el país solo atina a pronunciar una frase:
«Contar con un CDR en cada cuadra resulta imprescindible porque en ellos se agrupa el proletariado».

Apenas logro disimular la sorpresa al escucharle decir una palabra casi desterrada de nuestro vocabulario: Proletariado. Al instante entendí la formación marxista de Paulino, y sus motivos para conservar el busto de Lenin.

 «Yo sí que no lo he echado a la basura», advierte mientras lo acaricia con sus manos.

Con sus 85 años cumplidos recalca: «Sí, en las cuadras conviven todos los que construyen el modelo socialista en que deseamos ver crecer a nuestros hijos y nietos. Ahí está el pueblo trabajador, sean obreros, campesinos, intelectuales o estudiantes. No podemos olvidarlo. Tal vez deban cambiarse los métodos y asumir nuevas misiones. Pero para transformar y mejorar la sociedad, con la participación masiva de mujeres y hombres, no existe escenario  mejor que los barrios donde compartimos alegrías y desventuras».

Han transcurrido 50 años. Paulino, aunque jubilado, muestra preocupación porque en su cuadra el ejecutivo del CDR no actúa con efectividad. Lo ha planteado en el núcleo zonal del Partido. Incluso, se ofreció para desempeñar alguno de los cargos. Todavía late en él la misma pasión de aquel 28 de septiembre de 1960, cuando escuchó al Comandante en Jefe Fidel Castro decir:

«Vamos a implantar, frente a las campañas de agresiones del imperialismo, un sistema de vigilancia colectiva revolucionaria que todo el mundo sepa quién vive en la manzana, qué hace el que vive en la manzana y qué relaciones tuvo con la tiranía; y a qué se dedica; con quién se junta; en qué actividades anda.»

El pasado miércoles, vimos a Paulino inquieto, preocupado, deseoso por ver activos a  los  vecinos de la calle Gloria, entre Unión y La Cruz, donde radica el CDR # 4  de la zona # 4 del Consejo Popular Centro.

En su opinión, existen personas más jóvenes que puedan continuar sus pasos. Si así fuera asegura: «Seré un consejero, el supervisor de cada tarea porque no nací para estar quieto». 

Un recuerdo inolvidable lo constituye haber recibido de manos del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, un trofeo por los resultados relevantes de la provincia en la emulación cederista a nivel nacional.

Paulino Reyes Moreno tuvo un hermano excepcional, el escritor y folclorista René Batista Moreno, quien le dedicó su último libro Limendoux, Leyenda y Realidad, por compartir el paraíso de décimas y sueños.

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