Los derechos de Leslie

Ya cumplió 11 años. Puede ver, escuchar y comunicarse con familiares y amigos. Se divierte frente al televisor, o mientras juega en la computadora. Muchas veces es quien responde cuando siente el timbre del teléfono en la casa.

Aunque no tenemos vinculo familiar, Leslie Machado Hernández me dice tía. Son de esas satisfacciones que nos deja esta profesión, cuya esencia radica en hurgar hasta encontrar los detalles de la cotidianidad de los cubanos. De encontrar la fórmula mágica con la cual le extraemos al andar diario historias maravillosas, y reales. Vivencias que calan en los más hondos sentimientos personales.

Por eso, nunca le he perdido el rastro a Leslie. La primera entrevista a su progenitora —en el 2000—, me obligó a seguir su evolución. Cada vez que veo sonreír a la niña, recuerdo el día en que la conocí. Todavía estaba en el círculo infantil. Carmen, su mamá, relató con ojos llorosos cómo descubrió —tal vez por los instintos maternales— que su pequeña con a penas tres meses de vida, crecería sin poder ver ni escuchar lo que acontecería a su alrededor.

«Nació sordo-ciega y estuve a punto de enloquecer», me dijo en ese momento. Pero las bondades de Cuba se imponen hasta cuando la naturaleza intenta limitar los derechos humanos.

Leslie fue una de las primeras infantes beneficiadas con un implante coclear. Poco a poco se insertó en el ámbito escolar. Al cumplir seis años, además del regocijo por convertirse en pionera, escuchó por primera vez el canto de: ¡Felicidades Leslie en tu día! ¡Qué lo pases con sana alegría!

Y mucho más saludable paar la menor  resultó ver e identificar a sus médicos durante la Mesa Redonda que el jueves 11 de mayo de 2006 se dedicó a la gran labor de realizar los primeros implantes cocleares en Cuba.

«Después de la operación enfrentamos varios obstáculos. Sobre todo porque resultaba muy difícil que se adaptara al régimen escolar. No obstante, insistimos para que aprendiera a leer y escribir. Me dediqué a ella por completo y me acogí a la ley de madre cuidadora. Además de la maestra, le repasaba las lecciones en la casa. Hoy cursa el cuarto grado y me asombra cuando me demuestra que domina los ejercicios elementales de Matemática. Jamás pensé que mi hija avanzara tanto en su aprendizaje», me comentó Carmen el pasado miércoles.

La visité para regalarle varios libros con láminas sobre pasajes de la Historia de Cuba. Por sus limitaciones, es la asignatura con mayor complejidad. Sin embargo, sorprendida quedé al ver que mientras los hojeaba, Leslie enseguida identificó a Elpidio Valdés, Antonio Maceo, José Martí, Fidel Castro, la Bandera y el Escudo Nacional.

Comprobé lo mucho que ha aprendido. Quien la ve ni se percata del dispositivo que lleva a un lado de su cabeza.

¡Cuánta alegría sentí! Y otra vez, quise dedicarle unas líneas. Esta vez para referir que su historia, es una entre las tantas que en Cuba evidencian cuánto se hace por garantizar los derechos humanos.

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