¡Qué niña!

Por Leydi Torres Arias

Buscar caracoles en la playa y hacer volar su imaginación sobre la arena es una de sus atracciones. (Foto: Manuel de Feria)

«Yo quiero tener un pelo tan largo como el de las princesas, por eso un día, cuando tenía cinco años, me comí todo lo que me sirvieron en el plato». Realmente tiene el pelo largo, casi hasta la cintura; pero  cuando se dibuja, alarga con color negro sus cabellos.

A Hermaiony de la Caridad Villa Machado le gusta su pelo, tanto como las historias de hadas. Esta niña de seis años disfruta hacer muchas cosas, sobre todo, pintar.

Cursa el primer grado en la escuela primaria René Fraga, y mantiene desde el 27 de diciembre y durante este mes de enero, una exposición de artes plásticas en la Casa de la Cultura Juan Marinello.

Para la presentación de esta muestra, Hermaiony hizo un autorretrato, lo recortó cuidadosamente, lo pegó en cartulina y le pidió a su papá que escribiera, con letra bonita, los datos correspondientes.

Sin embargo, esta exhibición «Sueños en papel», no es su primer acercamiento al público. Antes, en octubre de 2010, mantuvo una muestra titulada «Mis 6 añitos de artista», en la Casa de la Cultura Chichí Padrón, de la comunidad Los Sirios, donde vive. En aquella, su primera ocasión, Hermaiony, al ver varios de sus dibujos colgados, se sentó en el piso del local y comenzó a pintar.

Como desde temprana edad desarrolló habilidades para las artes plásticas, la han incorporado, recientemente, a talleres de creación. Y cuando llega a su escuela, cuanto sabe se dispone a enseñarlo a sus amiguitos.

El ingenio e imaginación de esta niña es sorprendente. Utiliza lápices de colores, crayones, plumones, acuarela, y, además, guarda los envoltorios de dulces que se come, para luego crear figuras. Le encanta manejar las tijeras para cortar las hojas de papel y hacer lo que ella llama copos de nieve.

Cuando tenía menos edad, y sus padres la llevaban a un restaurante, Hermaiony tomaba las servilletas, y ahí mismo, entre platos, se dedicaba a pintar. En una ocasión, cuando el camarero fue hasta su mesa para anotar el pedido, ella le solicitó el lapicero y terminó por plasmar la figura del hombre en el momento en que le llevaba una copa de helado. Porque también le encanta el helado, «y el que más me gusta es el de chocolate».

Cuando iban a la playa, agarraba varios caracoles, y sobre la arena ponía forma a las ideas que tenía en mente.

Sus colores preferidos son el rosado, el violeta y el rojo, «pero de todos, mi favorito, el rosado». Elige pintar sirenas, princesas, caballos y unicornios. Entre los dibujos animados disfruta de la serie Winx y las películas infantiles, «pero no Blancanieves ni Pocahontas».

Cada trazo que deja en el papel constituye una historia. Así, luego de culminar una sucesión de dibujos, hilvana cuentos que le dicta a su mamá con tal rapidez que la madre debe apurarse para poder escribirlo todo.

El día que conocí a Hermaiony, ella estaba un poco acatarrada y había tenido fiebre la noche anterior. Sin embargo, de buena gana dibujó para mí, escribió su nombre, para que yo no cambiara las letras de lugar, y cuando terminó comenzó a zapatear como si perteneciera a la compañía Riverdance. Entonces, me confesó que disfruta también el baile, y más si es ballet o baile español. Para ella, la justificación resulta sencilla: «cuando mi mamá me pone zapatos de tacones, me gusta hacer cosas con los pies.»

Hermaiony tiene un mascota; un perro blanco y peludo al que ella nombró, de forma muy original, Dálmata Suky Flopy. ¿Tres nombres?, le pregunté. «No, es que, imagínate, todo el mundo tiene un nombre y dos apellidos, ¿no?»

Fuente: Vanguardia

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