Archivo por meses: Febrero 2011

Carlos Serpa Maceira y el verdadero rostro de las pacotilleras

Ni damas, y mucho menos de blanco podrán nombrarse estas mujeres que acaba de desenmascarar Carlos Serpa Maceira.  Los testimonios ofrecidos por el agente Emilio de la Seguridad del Estado Cubano inclinan la balanza, una vez más,  a favor de las veradaderas cubanas. Hacia las que poseemos sobradas  razones para decirles en pleno rostro lo que en realidad son: unas pacotilleras.

A ninguna de las que en verdad amamos a esta caribeña Isla se nos pueden comprar con unos míseros dólares. Solo las que poseen un alma oscura se prestan al juego sucio de caminar vestidas con el color de la pureza, gladiolos en mano y con el único objetivo de buscar un aval político. Por ese modo de actuar se ganan la visa para salir definitivamente  Cuba. O sea, el verdadero objetivo, que sin escrúpulos esconden tras la fachada de mujeres inmaculadas.

Así lo revela quien hasta ahora era el vocero del financiado grupúsculo Damas de Blanco: «“Serpa, yo necesito que tú me ayudes con unas evidencias porque tengo la entrevista en Refugiados la semana que viene”. Estaba buscando su “aval” político.», explica en la entrevista concedida a la colega Deisy Francis Mexidor y que publica hoy el diario Juventud Rebelde.

Carlos Serpa revela cómo se crean campañas mediáticas contra Cuba

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Solo para optimistas

Un buen amigo me hizo llegar este texto, y por el optimismo que encierra deseo compartirlo con todos los lectores de este blog. Deseo que lo disfruten:

Yo quiero ser una mujer, consciente del privilegio y milagro de la vida, de
sentir que tengo, todo el derecho a vivir y disfrutar lo que ella me ofrece.

Yo quiero ser alguien, para agradecer y retribuir, todas les bendiciones que Dios me ha dado.

Yo quiero ser feliz siendo yo misma, sin máscaras, sin sentimientos de culpa, conforme a mi vocación, a mi misión y a mis sueños.

Yo quiero tener el coraje de ser y sentirme libre, para elegir mis caminos, vencer mis miedos y temores, y asumir las consecuencias de mis actos.

Yo quiero tener alegría para reír, para hacer y recorrer mi camino a la felicidad, para sentir la energía de vivir plena e intensamente.

Yo quiero sentir, ser una mujer completa, amarme, reconocer que soy única, irrepetible e irreemplazable; que valgo, porque han instalado en mí, una luz divina y porque en mi interior hay mucho para dar.

Yo quiero hacer conciencia, de que nadie puede lastimarme, a menos que yo lo permita; que nadie puede agredirme porque no lo merezco. Sigue leyendo

Moña, la mujer pelotera

Por Mayli Estévez y Luis Salabarría

Ángela de Armas, Moña, nació en Santa Clara en un invierno de 1939 y aunque siempre quiso jugar béisbol de manera profesional, tuvo que aplazar sus sueños debido a los tabúes de la época y centrarse en otros deportes «más adecuados», como el básquet.

«Mi ilusión desde pequeña fue ser pelotera, pero no se podía y me dediqué a estudiar y llegué hasta tercer año de la Escuela de Economía, donde jugué baloncesto. En ese centro docente estuve en una célula revolucionaria que llevaba medicinas al Escambray y repartía bonos en la ciudad. En medio de ese ajetreo hice equipo junto a Gladys García, quien, junto a Chiqui Gómez-Lu¬bián, puso bombas en diferentes lugares, lo que le costó estar presa en las cárceles batistianas.»

—Pero usted se destacó en otros deportes…

—Sí, también pasé por equipos de atletismo, ajedrez, tenis de mesa. En este último estuve después del triunfo de la Revolución en dos campeonatos nacionales. Luego comienzo a trabajar en el Ten Cen en Santa Clara y en 1960 llego a Sagua la Grande para convertirme en la primera mujer directora del INDER en toda la Isla.

—Luego fue destinada al Plan Montaña en el Escambray, donde impartió clases de Educación Física y estuvo al frente de la Subdirección de Actividades Deportivas en Santa Clara.

—Soy fundadora del INDER, que ya por estos días cumple 50 años. Fui instructora de gimnasia básica en diferentes escuelas y juez de línea en el voleibol. Inventamos muchos modelos para el trabajo de economía del INDER; además, dirigía el Departamento de Mantenimiento del Instituto deportivo hasta mi retiro en 1995.

—¿Y ese apodo tan poco común?

—Mi abuelita llegó al hospital materno de esta ciudad y yo tenía mucho pelo; por una sola ocasión se le escuchó decir: «¡Ay, que moña tan bonita!» A mí se me quedó ese apodo, pero ella jamás lo volvió a repetir, siempre me llamó Ángela.

—Cantante, diseñadora y deportista, tal parece que la vida ha resultado corta para usted…

—Si fuese joven en esta época nadie dude que fuera del equipo femenino de pelota. Amo demasiado el béisbol y aunque no me profesionalicé, sigo creyendo que soy una mujer pelotera.

Mercado, pulsión, desvalor

Por Pedro Llanes

El mercado del libro hispano se conforma año tras año desde las megaferias (la de Guadalajara, Madrid) por los grupos editoriales, agentes, promotores, y por el ultimate power, es decir, por el ciberespacio donde los pequeños actores culturales de antaño, desprovistos de lugar luchan a brazo partido por imponer su contrahegemonía.

Cualquier criterio de valor sobre mercado hay que hacerlo mirando de frente la recepción. Los estudios de recepción en Cuba, en particular los hechos sobre la novela y el cuento, son empíricos, bastante poco confiables. El mercado interno está protegido, según se puede intuir, por la financiación pensada desde un concepto cultural alejado del utilitarismo y la cosificación de la obra de arte, los cuales han fetichizado la parábola casi incongruente, tendida entre el emisor y el receptor.

Los medios conforman el mercado. En el siglo XIX las revistas por entrega y el mito de autor, unos ciento cincuenta años después las grandes editoriales, torres de papel en el corazón de las sociedades comunicacionales cuyos símbolos serían el puente y la puerta. El ciberespacio, las bibliotecas digitales y la desoclusión de los espacios cerrados han puesto a la intemperie las culturas para sí, con sus esoterismos, apenas protectivos. El gran arte se ha deshecho, ha seguido una línea evolutiva. No creo que Tolstói o Romain Rolland hubieran muerto tantalizados por las leyes ciegas de la superoferta.

Pero es cierto que Joyce se quejaba de que Dublinenses había sido un fracaso editorial, con desembolsos por más de tres mil francos en sellos y franquicias postales. Algunos críticos lo consideran hoy materia muerta de colegio como tiempo atrás consideraba Petigrelli al Dante. Sin embargo, no existe impedimento para que Ulysses y Retrato del artista adolescente encabecen la lista de mejores novelas del siglo XX. Sigue leyendo

Martí, el amor y el matrimonio

No por gusto se dice que José Martí se adelantó a su época en todos los aspectos de la vida. Ahora que se acerca el Día de los Enamorados, comparto estos fragmentos —recopilados por el profesor Raúl Valdés Vivó— donde el Héroe Nacional de Cuba ofrece sus criterios sobre las relaciones amorosas y el matrimonio, nada alejadas de la realidad que vivimos hoy.

Martí tan juvenil que en sus cuadernos de apuntes recomienda lo que ahora se hace en todo el mundo por las parejas, en particular las jóvenes, y que una generación atrás era inconcebible excepto entre los pobres sin recursos para hacer y mantener el matrimonio y que acudían al vilipendiado concubinato. Escribe:

«Debe hacerse —salvo malicia— lo que hacen ciertos indios del Estado de Veracruz —tomarse a prueba. Vivir bajo el mismo techo. Ir juntos al arroyo.

Cargar juntos la leña. Oírse y conocerse. —Y si la simpatía definitiva de las almas no sanciona la atracción pasajera de los cuerpos — separarse. El equilibrio entre las condiciones de los cónyuges, y su mutuo conocimiento, son en el matrimonio las únicas condiciones de ventura. —Lo demás es jugar a cara o cruz.»

Todavía más, Martí se pregunta y contesta como haría hoy cualquier joven:
¿Porqué ha de hacerse —con riesgo de la ventura de la vida— punto de honor que los que han sido novios sean cónyuges?—El honor mismo exige que no nos pongamos en condiciones de faltar a él—¿Sobre la mera simpatía —esa mera mariposa— ha de construirse cosa tan maciza como un hogar? Sigue leyendo