Cuatro hermanos en Girón

Por Narciso Fernández Ramírez (Tomado de Vanguardia)

Ovidio y Antonio Evidio son los dos hermanos que aún viven, de los cuatro hijos varones de la familia Díaz Rodríguez que combatieron en Girón. (Fotos y fotocopias: Ramón Barreras Valdés)

La victoria en las arenas de Playa Girón nunca se hubiera conseguido sin el apoyo del pueblo a su naciente Revolución.

No habían transcurrido 72 horas de la invasión, y ya la Brigada 2506 mordía el polvo de la derrota. Un momento clave en la historia de este continente, a partir del cual todos los pueblos de América Latina fueron un poco más libres.
A medio siglo del hecho, Vanguardia trae a sus páginas los recuerdos de hermanos que allí lucharon.

Cuatro varones de una familia humilde de diez hijos, quienes, sin saberlo entre sí, acudieron por distintas vías a Playa Girón para defender con las armas  las conquistas alcanzadas a partir del Primero de Enero de 1959.

Los Díaz Rodríguez en Girón

Ovidio es el mayor de los dos hermanos que aún viven. Tiene en la actualidad 78 años. Antonio Evidio ya cumplió los 74. Los fallecidos se nombraban Osvaldo y Rafael.

Ovidio.

En la sala de la casa de Ovidio –sita en Carretera Central 357, entre Síndico y Pastora– conversamos los tres durante más de dos horas, mientras Barreritas aprovechaba los mejores momentos para tomar fotos.

Antonio Evidio había traído consigo varios recuerdos de aquellos días y las memorias escritas hace casi 30 años, cuando aún vivían los cuatro y los hechos se mantenían frescos en la mente: «Se la voy a prestar –me dijo con cierto reparo–, pero cuídela, que es la única copia que tenemos. La hicimos para el Concurso Primero de Enero del año 1981.»

Ovidio tuvo una participación activa en la lucha contra la tiranía de Batista. Formaba parte de la dirección provincial del Partido Socialista Popular en Las Villas, y fue el representante de dicha organización en el Escambray, enviado por Arnaldo Milián para entrevistarse con el Che a la llegada de la Columna Invasora Ciro Redondo a este territorio.

Al triunfo de la Revolución asumió importantes responsabilidades, en particular entre el movimiento campesino. Unos meses antes de Girón, por encargo expreso de Fidel, había recorrido cada palmo de la Ciénaga de Zapata para la creación de las cooperativas madereras y carboneras.

Antonio Evidio vivía entonces en La Habana. A un llamado a los jóvenes de la capital no dudó en incorporarse a un Curso de Artillería en La Cabaña, convocado con urgencia para aprender a utilizar las armas que llegaban del campo socialista: «Me gradué de morterista de 120 mm e hice la caminata de 62 kilómetros. Formaba parte de la Batería 11 y mi primer combate lo tuve en la zona de Corralillo, contra la banda de alzados del bandido Campito. Recuerdo que Fidel estuvo por allá con un grupo de asesores checos para ver cómo funcionaban los morteros.»

De los dos hermanos fallecidos: Osvaldo era policía, y vino a Girón con el batallón de dicho cuerpo armado; en tanto Rafael, el menor de los cuatro, era teniente de milicias en el Escambray, y al producirse la invasión pasaba en Matanzas el Curso de Oficiales de Milicias.

A Girón por cuatro vías diferentes

Ovidio: «En la madrugada del 17, el compañero Arnaldo Milián me ordenó salir urgente hacia Aguada de Pasajeros, y allí crear las condiciones de aseguramiento a las tropas que saldrían horas después desde Santa Clara. Tenía que recopilar el transporte del pueblo y ubicarlo en un lugar seguro, controlar las bombas de gasolina y los almacenes de alimentos, o sea, ocuparme de toda la logística.

«Llegué a Aguada con los primeros claros del día. Ya los pobladores sabían del desembarco y estaban en la calle, pero existía mucha confusión. Cumplo las órdenes, y ese propio 17 hago contacto con el comandante Tomassevich en Rodas y llamo también al central Covadonga para interesarme por lo que pasaba. Nunca se me olvidará la respuesta del miliciano ante mi preocupación de que los mercenarios llegaran hasta allí: “¡Ni llegarán!, porque dice Fidel que con palos, hasta con los dientes, hay que defender el Central.”

«Por la noche del 17 vuelvo a Santa Clara e informo a Milián del cumplimiento de la misión. Regreso enseguida, y considerando cumplida la encomienda, el 18, bien temprano, parto por la libre hacia Girón.

«En la carretera que va a San Blas tropiezo con las tropas del Comandante Duque, que combaten duro contra el enemigo. Supe entonces que Antonio Evidio, mi hermano artillero, también estaba por allí. En el fragor de la lucha hieren al capitán Dreke, y en el propio carro que yo había traído lo mandan hacia Santa Clara.

«Mi ametralladora se encasquilla y cojo la de un herido. Avanzamos por el llano hacia Girón. Sigo entonces hacia Cayo Ramona y allí me entero de que otro hermano mío también luchaba en Girón; se trataba de Rafael.

«El 19, día de la victoria, entré a Girón por la tarde. Tuve la suerte de estar cerca de Fidel cuando ordenó mojar las esteras de los tanques en las aguas del mar. Desde ese mismo lugar el Comandante en Jefe redactó el parte final de la batalla.

«Fidel pide un hombre para una misión, y al verme le dice al capitán Massip: “Él conoce bien la Ciénaga”, y a mí: “Reagrupa a los cenagueros y sal a capturar a los mercenarios dispersos.”

«Poco después, otros compañeros dieron cumplimiento a la misión de Fidel, y  regresé a Santa Clara.»

Antonio Evidio: «Yo estaba por la zona de Cienfuegos con mi batería de

Antonio Evidio compartió con Vanguardia pasajes de las memorias de su hermano Rafael, ya fallecido.

morteros. El 17 temprano nos comunican lo del desembarco y partimos hacia Girón. Cerca del central Covadonga hicimos nuestro primer emplazamiento y tuvimos el bautismo de fuego. Allí fuimos atacados por la aviación, que nos ocasionó varios heridos y la muerte del miliciano Primitivo Filgueiras, perteneciente al Batallón 117.

«Los del 17 fueron combates muy intensos, con ataques continuos de los aviones enemigos, que nos bombardeaban incesantemente. El 18 nos emplazamos en el llamado Canal de Muñoz y de allí seguimos hasta agotar casi todo el parque, por lo que regresamos al central Covadonga y ya no volvimos a la zona de combate.

«Regresé a La Habana, donde entonces vivía, y estuve un mes en alerta en el sótano del hotel Habana Libre.»

Rafael: Del documento mecanografiado son estas memorias del ya fallecido  hermano: «Al amanecer del 17 partí hacia Girón como parte de la Escuela de Oficiales de Milicias. Nos agruparon en seis compañías de Infantería, apoyadas por un pelotón de ametralladoras 7,92 y uno de morteros ligeros.

«En Pálpite nos sorprendió la aviación enemiga “camuflageada” con las insignias de la fuerza aérea de Cuba. Fue nuestro bautismo de fuego.

Rafael, uno de los hermanos Díaz Rodríguez, marcha en columna por la carretera que conduce a Playa Girón. Una histórica foto que por años se publicó, día a día, en el machón del periódico Granma. Debajo, la fotocopia de las imágenes de una entrevista realizada a de Rafael Díaz Rodríguez.

«Perdimos en los combates a 21 compañeros. El 18 nos relevó otro batallón. Durante las intensas horas de lucha no ingerimos alimento alguno y tomamos muy poca agua, pero cumplimos la misión asignada.»

Osvaldo: Del propio documento resultan estos testimonios suyos: «El 17 temprano llegó a nuestro campamento el comandante Ameijeiras y nos preguntó: “¿Ustedes quieren fiesta?, bien, prepárense que van a tener que bailar, lo único que la música la pone el enemigo y es ritmo de fusil.” Lo despedimos con un aplauso.

«El 18 salimos hacia el combate en horas del mediodía. Íbamos muy contentos cantando himnos y canciones. Los combates fueron violentos. Perdimos a 18 policías en Girón. De los hechos de heroísmo recuerdo al joven Wilfredo Gonce Cabrera, de 19 años, quien al ser herido y trasladado al hospital nos dijo: “Sepan que morí, pero por lo menos di muerte a un enemigo, ¡recuérdenlo!”

«El 19, poco después de las 5 de la tarde, comenzó la penetración hacia la playa. A mí me tocó quedarme a unos 300 o 400 metros de la orilla. Estuvimos 8 días de guardia permanente y el 27 regresamos a La Habana en el transporte que le habíamos quitado al enemigo.»

A manera de epílogo

Cuatro de los siete hermanos varones de la familia Díaz Rodríguez combatieron en  Girón, y los tres restantes estuvieron también vinculados al histórico hecho.
Orlando, el mayor, lo hizo de bien cerca, pues administraba una Granja del Pueblo en Abreu, y colaboró con las fuerzas revolucionarias. Con él, en su propia casa, se encontraba Carlos, el penúltimo de los hermanos.

Y para completar la hazaña, Manuel, el  más pequeño, alfabetizaba por la zona de Yaguaramas.

No puede faltar en esta historia de amor a la Patria un hecho sencillo. De esos cotidianos que hacen grande la vida. Un telegrama que Antonio Evidio envió a la novia de entonces una vez concluida la batalla.

Expedido el 21 de abril de 1961 desde Covadonga, el hoy histórico documento dice así: «ESTOY BIEN VENCIMOS» EVIDIO

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