«El alma de un hombre no tiene precio», afirma Raúl Capote Fernández, agente Daniel

«Siempre tuve el sueño de ponerme un pulóver con la imagen del Che y cuando logré hacerlo no me lo quería quitar. Fue hace un tiempo atrás, en un desfile del 1º de Mayo. Desde entonces hasta hoy no había tenido esa posibilidad y lo exhibo con mucho orgullo», expresó Raúl Capote Fernández, el agente Daniel para los órganos de la Seguridad del Estado cubano ante los alumnos y profesores de los distintos centros de la enseñanza superior de Villa Clara.

Mientras compartía las experiencias vividas dentro de las filas de la CIA, el teatro de la Universidad Pedagógica Félix Varela semejaba la más auténtica de las aulas. Desde sus asientos, el auditorio presenció una magistral clase de Historia de Cuba. Capote Fernández, entre tanto, hizo gala se sus dotes de profesor e hilvanó cada anécdota para responder con amenidad todas la interrogantes.

Habló de los intentos del enemigo de provocar la desestabilización en la sociedad cubana, a partir de situaciones complejas como las dificultades en el transporte público, la proliferación de antenas parabólicas ilegales en La Habana, así como las limitaciones para el acceso a Internet desde Cuba.

«El gobierno norteamericano —dijo— no desea que los cubanos accedan a Internet, de lo contrario por qué nos bloquean, por qué nos niegan la conexión al cable coaxial del cual ellos son dueños.»

Durante el intercambio con los jóvenes universitarios, Raúl insistió en la importancia de conocer la esencia de los intereses de las distintas administraciones de los Estados Unidos hacia Cuba.

«Que nadie viva engañado —recalcó— sus propósitos son los mismos de siempre: convertir a nuestro país en un casino, un burdel, un lugar donde venir a recrearse a costa de sumir al pueblo en la miseria. Saben que la guerra contra la dirección histórica de la Revolución la tienen perdida desde hace tiempo. Por eso se dedican a alentar la subversión interna entre los más jóvenes».

En este aspecto, instó a los presentes al estudio de las raíces históricas de las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos. Les sugirió estudiar el objetivo del Plan Bush y sobre todo pensar en por qué la bandera del Partido Comunista de Cuba siempre ha sido la de la estrella solitaria.

Con mucha pedagogía, Raúl supo llegar una vez más al corazón de los discípulos que durante casi dos horas le escucharon. Los hizo  reír. También, en varias mejillas se vieron lágrimas de emoción. Sobre todo cuando relató las veces que, en compañía de los enemigos, visitó el Memorial donde descansa el Guerrillero Heroico, y su Destacamento de Refuerzo.

«Debí disimular mi orgullo de cubano, contener las emociones para no delatarme a mí mismo como el fiel revolucionario que soy. Hoy me encuentro muy feliz de regresar a Santa Clara, que es lo mismo decir la Ciudad del Che. He vuelto con la imagen de ese gran hombre en mi pecho. A ustedes les han dado la misión más grande que se le puede conceder a un pueblo; velar por sus restos.

Sentí una indescriptible emoción en el Memorial, ahora junto a otros que como yo le entregaron horas de sueño a la Revolución. Horas que entregaría otra vez porque el alma de los hombres no tiene precio.»

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