Mujeres de Totogalpa aprovechan el sol para producir energía renovable

En la provincia de Madriz, en Nicaragua, antiguo escenario de la guerra civil entre sandinistas y la “Contra” en los años 80, un grupo de mujeres campesinas ha sustituido la leña y los combustibles fósiles por cocinas que funcionan con paneles solares, una energía limpia y renovable.

En Nicaragua lo que abunda es el sol. Teniendo presente este detalle, hace once años la ingeniera estadounidense Susan Kinne, con el apoyo de una universidad estatal nicaragüense, impulsó en la provincia montañosa de Madriz, antiguo escenario de la guerra civil de los años 80, un proyecto dirigido a la reintegración en el mundo laboral de los campesinos mutilados por las minas antipersona.

El proyecto, obra de Susan Kinne y del Programa de Fuentes Alternas de Energía de la Universidad Nacional de Ingeniería (PFAE/UNI), consistía en que algunas víctimas de la explosión accidental de las numerosas minas sembradas en esta región durante la guerra, trabajaran en la promoción, producción e investigación de la energía solar como fuente de energía alternativa a los combustibles fósiles.

La idea era capacitar a víctimas de las minas en la producción e instalación de paneles fotovoltaicos para, al tiempo que se les daba un empleo a estas personas, difundir el uso de fuentes sostenibles de energía alternativa y limpia en comunidades rurales sin acceso al suministro eléctrico, explica a EFE-Reportajes Nimia López, administradora de la cooperativa “Mujeres Solares de Totogalpa”.

En la Nicaragua tropical, un país de 5,8 millones de habitantes, el sol, como recurso abundante, se ha convertido así en una alternativa energética en las comunidades rurales, donde se calcula que más de medio millón de personas carecen de acceso a la electricidad, según cifras oficiales. Las mujeres campesinas de la comunidad de Sábana Grande, en Totogalpa, acogieron como suyo este proyecto, aunque en principio estaba dirigido a los mutilados por las minas, tras darse cuenta de que además de para la generación de corriente eléctrica, los rayos solares pueden emplearse para cocinar. Un grupo de ellas formó en 2003 la cooperativa “Mujeres Solares de Totogalpa”, que reúne a 19 mujeres y un hombre, con el fin de fabricar y difundir el uso de cocinas y paneles que usen la energía solar, que es limpia y sostenible, en vez de la leña, cuyo empleo en gran escala contribuye a la destrucción de los bosques, y la generada por los productos derivados del petróleo, de los que tanto depende Nicaragua. “A las amas de casa (de Totogalpa) nos gustaron más las cocinas solares, porque se ahorra leña, tiempo para cocinar, no hay polvo y no producen humo”, asegura Nimia López, que en su caso también utiliza un horno solar, fabricado por esta cooperativa con sus limitados medios y hasta cierto punto de manera artesanal. “El proceso es más limpio: no nos quemamos, y se conservan los nutrientes y las vitaminas”, añade esta campesina, quien resalta que con el uso de la energía solar para cocinar, en lugar de usar leña, contribuyen también a evitar la deforestación, a preservar el medio ambiente y no generar gases de efecto invernadero causantes del calentamiento global.

En poblaciones sumidas también en la pobreza, en las que los escasos recursos económicos se atesoran para cubrir las necesidades más elementales, este sistema también supone un ahorro. Yelba María López, otra campesina nicaragüense que utiliza una cocina alimentada por un panel solar, comenta a EFE-Reportajes que antes destinaba unos cinco dólares al mes para comprar leña para cocinar. Pero hoy en día, gracias a la cocina solar que tiene en su casa, ubicada al pie de una montaña, no tiene ese gasto. Aunque ella sí tiene servicio de electricidad, también ha reducido hasta en un 85% la factura de la energía eléctrica gracias al uso del panel solar, asegura. Yelba, madre de dos hijos, cuenta que obtuvo la cocina y el panel solar a cambio de trabajar en el Centro Solar, sede de la cooperativa, donde las mujeres fabrican con sus manos todos estos aparatos que funcionan con energía renovable. La administradora de la cooperativa afirma que “Mujeres Solares de Totogalpa” no sólo persigue alcanzar la autosuficiencia económica, sino también trabajar por el desarrollo sostenible de la comunidad, “para generar empleos con dignidad que promocionen la energía renovable y protejan el medio ambiente”.

Próximamente, los miembros de la comunidad de Totogalpa tienen prevista la construcción de un restaurante, un hotel, una pequeña escuela y una guardería. El restaurante, que ofrecerá comidas elaboradas con energía solar, será auspiciado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y el Instituto Humanista para la Cooperación con los Países en Desarrollo (Hivos), de Holanda. “La idea es demostrar que sí podemos utilizar otras energías alternativas para no depender de la energía convencional y térmica”, señala Nimia López, también coordinadora de producción en el Centro Solar.

Por contribuir al desarrollo sostenible, esa cooperativa de mujeres campesinas ha sido merecedora de numerosos premios locales e internacionales, entre ellos el premio Seed.

Tomado del boletín digital Clip Energía.

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