Mami es periodista

Le debía esta crónica a mis colegas por el Día de las Madres, mas, el segundo domingo de mayo lo dedique a otros asuntos. Ahora se la ofrezco como regalo a nuestros hijas e hijos, por el Día Internacional de la Infancia.

Cualquier semejanza con la realidad es pura realidad.

Antes de aprender a hablar supe que los libros de mamá no se tocan. Comencé a gatear y a su vez el grito de: «¡Cuidado, por ahí no!» se hizo asiduo. Incluso cuando ya caminaba a solas, no dejaban de hacer la advertencia. No lo entendía bien, pero en un desliz podía derrumbar una montaña de papeles.

Caricatura: Roland

El tiqui taca de una máquina de escribir fue la mejor canción de cuna. Creo que en mi infancia no existió siesta más placentera que aquellas donde alcancé el dulce embeleso entre los butacones de una redacción periodística y al compás de las teclas de una Robotron.

De reuniones en reuniones, trascurrieron mis ratos de distracción. Jugar, cuando los debates de las asambleas se ponían buenos, llegó a ser muy divertido. Mucho más lo fue garabatear agendas. O corretear por delante de una mesa, mientras la presidencia hablaba. Dicen que en una de esas andanzas poco faltó para tirar al suelo todos los micrófonos.

Crecí escuchando la palabra cobertura como algo normal. Aunque al mismo tiempo implicara dejar de pasear los sábados y domingos. Incluso, dormir en los brazos de papá o alguno de mis abuelos, pues los de mami andaban «cazando» noticias.

Por tan frecuentes, las coberturas se convirtieron en motivo para ser el  primero (a) en llegar al círculo infantil. Sin saber si también sería el último (a) en irme. No niego que llegué a tomarle cariño a la palabrita. Sobre todo cuando a mami se le ocurría llevarme por que terminarían frente a otro tipo de mesa, bien llena, y no precisamente de micrófonos.

Crecer entre los colegas de mami ha sido gratificante. Me han tolerado las más insospechadas ocurrencias propias de la edad. Hasta la de mandar a callar a prestigiosas personalidades de su centro de trabajo. Lo considero un privilegio compartir con mis amigos (as) la dicha de conocerlos personalmente. Muchos me tratan como a sus propios hijos.

Lo único que lamento es que ahora, ya bien crecidito (a), extraño el tiqui taca de las obsoletas Robotron, Remington, Oliveti u otras similares. En su lugar aparecieron las computadoras, con la música que mami prefiera escuchar y hasta tiene acceso a Internet. Pocas veces va al trabajo por que le es más cómodo redactar en la casa.

¡Felicidades para ella! ¡Maldición para mí! Si de pequeño (a) me ponía límites, imagínense ahora. Que si el gasto del teléfono es mucho, que si el consumo de electricidad se dispara, que si truena o relampaguea, que si esto o aquello… Lo cierto es que en muy raras oportunidades me permite utilizar la computadora.

Pero, ¿qué cuento les puedo hacer a ustedes? Mejor que mi mami, ninguna.

Una mujer capaz de llevar a la par una casa y su trabajo como ella lo sabe hacer, no creo que existan muchas.  Diestra en planificar el tiempo para atender sus deberes familiares y profesionales.

Por eso no se trata de exponer aquí queja alguna, sino el orgullo de crecer gracias a que mami es periodista.

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9 pensamientos en “Mami es periodista

  1. avatarKANTACLAR@

    SIN ENTRAR EN ASUNTOS FAMILIARES DIRÈ QUE APARTE DEL GENOCIDIO QUE SUFRIO KUBA TRAS 500 AÑOS DE INVASION SIGUEN QUEDANDO ESTIGMAS QUE RECUERDAN A LOS INVASORES,EN EL CASO DEL GRINGO SON “LOS 15” SUPONGO.ESO EL CAPITAL INPERIAL LO UTILIZA PARA LLENAR SUS ARCAS Y A LA VEZ NOS DA UNA FALSA IMAGEN DE NORMALIDAD,FRATERNIDAD,FELICIDADyHORIZONTALIDAD QUE EQUIPARA A LA MADRE QUE CON SU HIJX A LA ESPALDA RECOGE BASURA EN UN VERTEDERO CON CON LA MADRE QUE ALQUILA UN VIENTRE PARA NO DEFORMAR EL SUYO.AHORA LA IMAGEN VERDADERA ES LA DE LA MADRE INMOLANDOSE APARENTANDO UN ENBARAZO Ò EL PADRE HACIENDOLO CON SU HIJX DE LA MANO.

  2. avatarKarelia Álvarez

    jajaja ríen Kathe y Kare, nosotras también crecimos en esos salones que llaman salas de prensa jajaja y muchas veces nuestras camas fueron los buroes, los sentíamos muy cómodos, claro, luego de tanto correr por los pasillos caíamos como piedras. A pesar de todo, crecemos felices porque ni en el centro de mamá nos han impedido el vuelo, saludos.

  3. avatarOsmaira Autor

    Así es, justo por crecer al ritmo de nuestro trabajo es que se convierten amigas y amigos inseparables de mamá. Tal vez en otras profesiones ocurra algo similar,pero algo de distinto tiene el ser periodista.

  4. avatarbeatriz

    Muy lindo eso. Recuerdo cuando dormía en las grandes butacas de la Redacción, y cuando tecleaba en esas máquinas de escribir, solo por entretenimiento….

  5. avatarOsmaira Autor

    Jajajaa, mi Betty, eso es inolvidable. Y ahora compartimos el tiempo frente a la computadora cuando necesitas estudiar.

  6. avatarSara

    Interesante experiencia, casi todos los hijos de periodistas tienen algo parecido que contar.

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