Fabio: Arte y Dolor

Al fin de la batalla,

y muerto ya el combatiente, vino hacia él un hombre

y le dijo: «No mueras, te amo tanto!»

Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Masa, César Vallejo

En la nueva puesta en escena los cuatro actores se entregan en el tratamiento realidad-ficción, el mayor atractivo de la obra.

«¿Cómo quitarme este sabor a hiel que se me empoza en el pecho?». La pregunta se proyecta insistente sobre el escenario. Por el maquillaje, el público adivina que el actor representa a un hombre de 76 años. En su rostro aflora el dolor, una angustia insustituible porque nada es comparable con la pérdida de un hijo alegre, cuya niñez transcurrió en un medio afectivo muy favorable, consolidado por el amor y el respeto.

«Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!». Una y otra vez el anciano hace suyo un verso de Los Heraldos Negros, del poeta peruano César Vallejo. Desde el arte intenta aliviar la tristeza que le provoca revivir los hechos del 4 de septiembre de 1997.

Los espectadores ven en él a Giustino Di Celmo. A ratos melancólico y a ratos risueño. Con la muerte a sus espaldas y el acoso de un terrorista. De pronto el balón de fútbol se transforma en la bomba que nunca debió estallar. Dejó de ser un símbolo para la distracción.

Durante más de una hora el elenco de Teatro Laboratorio (TL) le muestra al auditorio una verdad que continúa impune: La muerte de Fabio Di Celmo. Tras presenciar los ensayos y el estreno de la obra, el pasado viernes 24 en la sala del Güiñol de Santa Clara, se impone la interrogante:

— ¿Cómo es posible ponerle belleza a tanto dolor?

— Con Fabio —explica Roberto Orihuela Aldama, director de TL— nos proponemos que el hombre conozca más al hombre. No se trata únicamente de narrar y denunciar los actos terroristas ocurridos en los hoteles habaneros durante 1997. Nuestra intención radica en convertir esta puesta en un canto humanista y a la vez universal contra la muerte de personas inocentes.

— ¿Por esa razón, en la ambientación del escenario utilizan como telón de fondo la obra pictórica El Guernica?

—Exacto, forma parte del mensaje que deseamos transmitir.

—Ustedes de presentan ante públicos diversos, ¿cree que todos logran identificar la dramaturgia con el cuadro de Pablo Picasso?

—Desde la primera puesta, en el 2005, somos conscientes de que pueden existir personas que desconozcan la historia de esta  pintura representativa de la Guerra Civil Española. Mas, sostenemos el criterio de que puede motivarlos a indagar sobre ella, y así contribuimos a incrementar la cultura del pueblo.

—Volvamos a los personajes de Fabio. En el 2005 fueron nueve actores, ahora se repone con cuatro, ¿por qué? ¿Hubo cambios en los textos?

— La reducción del elenco no implicó variar el guión original. Se hicieron algunos ajustes impelidos por circunstancias de trabajo. Son actores nuevos. Hicimos un rediseño del concepto de la escenografía y adecuación de algunos elementos de la banda sonora. En todos los casos buscamos mayor funcionabilidad y una estrategia más efectiva en la comunicación con el público de las comunidades con que habitualmente trabaja TL, mediante el Proyecto Comunidad Utopía.

— ¿Cómo influye en estas adecuaciones el arresto y luego el enjuiciamiento en Cuba del terrorista Francisco Chávez Abarca, uno de los cabecillas en la organización de los atentados a los hoteles habaneros?

— Escribir Fabio nos obligó a realizar una investigación profunda de los hechos. Incluso, intercambiar personalmente con Giustino Di Celmo. Cuando se revela la identidad de Chávez Abarca, contábamos con información suficiente. Además, ya tenía publicado mi libro Terrorismo Made in USA, desde entonces estábamos sensibilizados con el tema.

En los ensayos Roberto Orihuela Aldama, precisa cómo elevar el nivel actoral.

Ante la interrogante interviene Roberto Mora, quien asume el personaje del terrorista y refiere:

«Para mí resultó de mucho valor, pues estudié las expresiones del rostro de un hombre sin escrúpulos. ¡Imagínese!, tenía el reto de reflejar ironía, frialdad, indiferencia, amor al dinero sin importar las consecuencias. Son cuestiones muy ajenas a mi personalidad.»

También Marilín Martínez logra su crecimiento histriónico cuando transita entre la muerte, la sensualidad femenina y la burla. Ella persigue constantemente a Fabio, interpretado magistralmente por el joven Yunieski Bermúdez. Entre tanto, Rafael Quintero, el Hombre Viejo, o si lo prefieren Giustino intercala fragmentos de su vida personal con la ficción propia del arte. Conmueve escucharlo declamar el poema que ante el cuerpo frío del hijo le brotó desde el alma al empresario italiano: Estabas aún en el/vientre de tu madre/y de alegría/lloré. Eras un niño y/por tus fiebres y/tus caídas/lloré. Eras un joven y/por el temor y la angustia/a la decisión de tu vida/lloré. Cuando la bomba asesina/apagó tu joven vida/no tengo más lágrimas/para llorar.

Fotos: Ramón Barreras Valdés

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