Con derecho a «inventar»

Cada niño cubano disfruta el derecho de ser feliz.

Llegará el día en que mis nietos pregunten qué significa la palabra Bloqueo. Será cuando les narre las anécdotas de otros niños nacidos y criados al ritmo de «inventos». De creaciones exclusivas que para entonces causarán risa.

A esos pequeñines que peinarán mis canas les explicaré por qué se convirtió en algo normal empatar cables eléctricos con pedacitos de jabitas de nailon, coser zapatos en lugar de pegarlos, hacer soques para bombillos con tres puntillas, crear interruptores con tubos de desodorante Sport, fabricar juguetes con cuanto pomo plástico y laticas de cerveza o refresco aparecieran u otras tantas «maravillas» hechas por los cubanos.  Ocurrencias con las que hemos aprendido a vivir bloqueados.

Sí, tal vez, para los hijos de mi hija esas sean simples alucinaciones de una vieja. Por eso para ellos trabajo a estas horas. Leo las notas de prensa y siento pena por los nietos de otras que ahora aúllan hacia los vientos del norte, para recibir unas monedas a cambio. Claro, esa es la manera en que ellas asumen su derecho a inventar. Sin darse cuenta de que escenifican la versión moderna de Tartufo. ¡Pobre gente!, escribiría Moliere este sábado 10 de diciembre.

Mientras tanto redacto estas líneas y disfruto del sueño tranquilo de quien podrá ser la madre de mis nietos. A ella sus abuelos le construyeron una Revolución Socialista, donde no caben las desigualdades y existe la paz.

Ha sido la mejor de las inventivas cubanas. Creación divina, a pesar de que todavía queden cuestiones por perfeccionar. ¡Eh ahí el reto para mis nietos!

Seguir inventando fórmulas bien cubanas. Creando. Con el derecho de desconocer el significado de la palabra Bloqueo.

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