Por Osvaldo Rojas Garay
Tengo la certeza de que si se hubiera dedicado al béisbol, Cándido Fabré Fabré sería un buen pelotero. Por suerte para la música cubana, esto no ocurrió, porque entonces nos habríamos perdido al cantante que con el tiempo convirtió sus limitaciones vocales en virtudes que le han dado un sello único de identificación.
Mas, después de haber superado el músico al pelotero, y luego de recorrer diferentes escenarios del país y el mundo, primero con la Original de Manzanillo y desde 1993 con su Banda, a Cándido el bichito del béisbol no lo deja tranquilo.
En su más reciente gira por Villa Clara, invitado por el Centro Provincial de la Música, actuó en Santa Clara, Caibarién y Corralillo. Tras regresar de este municipio, pasadas las 5:00 de la madrugada, se fue a jugar pelota, a las 10:00 de la mañana, al estadio Sandino, donde lanzó para su Banda y logró imponerse a un equipo de veteranos que incluía, entre otros, a los internacionales Eliecer Montes de Oca, Vladimir Hernández, Oscar Machado y Dagoberto Martínez. Frente a este último disparó un doble en el capítulo de apertura, que propició la primera carrera del encuentro.
Al concluir el amistoso desafío, le dije en broma: «Compadre, nunca te veo perder», y jocosamente me respondió: «Es que yo tengo sangre de ganador». Así comenzamos un extenso y ameno diálogo sobre béisbol, aunque, por supuesto, sin apartarse de la música, manifestación en la que su particular estilo interpretativo y su poder de convocatoria han marcado pautas. Sigue leyendo
