Cándido Fabré: «Tengo sangre de ganador»

Por Osvaldo Rojas Garay

Tengo la certeza de que si  se hubiera dedicado al  béisbol, Cándido Fabré Fabré sería un buen pe­lo­te­ro. Por suerte para la música cu­bana, esto no ocurrió, porque entonces nos ha­bríamos perdido al cantante que con el tiempo convirtió sus limitaciones vo­ca­les en virtudes que le han dado un sello único de identificación.

Mas, después de haber superado el músico al pelotero, y luego de recorrer diferentes escenarios del país y el mun­do, primero con la Original de Manzanillo y desde 1993 con su Banda, a Cándido el bichito del béisbol no lo deja tranquilo.

En su más reciente gira por Villa Clara, invitado por el Centro Provincial de la Música, actuó en Santa Clara, Caibarién y Corralillo. Tras regresar de este munici­pio, pasadas las 5:00 de la madrugada, se fue a jugar pelota, a las 10:00 de la mañana, al estadio Sandino, donde lanzó para su Banda y logró imponerse a un equipo de veteranos que incluía, entre otros, a los internacionales Eliecer Montes de Oca, Vladimir Hernández, Oscar Ma­chado y Dagoberto Martínez. Frente a este último disparó un doble en el capítulo de apertura, que propició la primera carrera del encuentro.

Al concluir el amistoso desafío, le dije en broma: «Compadre, nunca te veo perder», y jocosamente me respondió: «Es que yo tengo sangre de ganador». Así comenzamos un extenso y ameno diálogo sobre béisbol, aunque, por su­puesto, sin apartarse de la música, ma­nifestación en la que su particular estilo interpretativo y su poder de convocatoria han marcado pautas.

–¿Qué llegó primero a Cándido Fabré, la música o la pelota?

–Ambas cosas llegaron como parte imprescindible de mi vida. Cuando a los seis o siete años me iba a jugar a la pelota lo hacía tarareando una canción, y cuando comencé a practicar béisbol en las áreas deportivas en mi natal San Luis, a veces estaba loco por salir del terreno para escribir algo que tenía en mente. Casi las llevaba a la par.

–¿Qué significan para ti ambas pasio­nes?

–La música es el modo de expresarme, me fluye con mucha fa­cilidad para desaho­gar­me en diferentes cir­cuns­tancias, a veces tris­­te, a veces alegre. Es mi sos­tén, gracias a ella tengo un pueblo que me apre­cia, tengo una his­toria bien bonita y un le­ga­do musical que es­pero al­guna vez sea el espejo donde puedan mirarse los soneros en el futuro.

«El béisbol es el motor impulsor que me mantiene activo, enérgico, saludable. Me hace feliz cuando puedo demostrar que no soy un pelotero frustrado. Me con­sidero un buen conocedor de esta ma­te­ria y, sin duda, a los 53 años, me siento en forma para ser campeón en las ligas a las cuales me enfrento».

–¿Es verdad que siempre andas con un bate y una pelota a cuestas?

–He tenido la suerte de hacerme de un módulo completo para jugar béis­bol, siempre ando con él. Cuando voy a algún lugar a actuar casi siempre trato de que organicen un partido. Cada en­frentamiento para mí es como re­cargar las pilas. He jugado con peloteros de la talla de Rey Isaac, Giorvis Duvergel, Orestes Kindelán, Evenecer Godínez, Brau­dilio Vinent, Isidro Pérez, Giraldo González, Daniel Lazo, Alfredo Des­paig­ne, Joan Carlos Pedroso, Yoenni Sou­the­rán, Vismay Santos, Yoilán Cer­ce…

«Ahora aquí en Santa Clara jugamos con un grupo de figuras que dieron gloria a esta provincia. Abrazándolos a todos, teniéndolos a mi lado, veo con qué empeño representan y defienden el buen béisbol, y cómo estos com­pa­ñe­ros no andan escatimando esfuerzo ni horario para complacer a Cándido».

–¿Y qué sucede cuando vas de gira al extranjero?

–He jugado pelota con mi banda en Inglaterra, en un campo de tenis; en Tampa, en Miami, y hasta en Islas Ca­na­rias, donde ya hay varias personas que practican béisbol.

–¿Es cierto que viajaste en tren de Manzanillo a La Habana para jugar béisbol?

–Fue en ocasión de uno de aquellos enfrentamientos que se dieron entre artistas en el «Latinoamericano», me metí 24 horas en un tren desde Oriente aLa Habana, y cuando llegué pensando que el partido era a la una de la tarde, me enteré de que era por la noche. No quise molestar a nadie y ahí me quedé hasta el comienzó del juego.

–Te he visto desempeñarte en va­rias posiciones. Me impresionaba có­mo defendías el campo corto, pero úl­timamente casi siempre actúas como lanzador.

–Chico, he tenido problemas con el brazo, y por eso me he dedicado a pitchear. No lanzo con mucha velocidad, pero tengo buen control, lo cual pone de manifiesto que el pitcheo no es solo tirar por tirar.

–En los siete discos que grabaste con la Original de Manzanillo y los cinco con la Banda se aprecian mu­chos nú­me­ros dedicados al pasa­tiempo nacio­nal, ¿por qué no recor­damos algunos?

–En los años 80, cuando el equipo de Serranos ganó dos veces conse­cutivas la serie selectiva, les dediqué un tema. Hay otro inspirado en la hazaña de Lourdes Gourriel en el Mundial de Parma, en 1988, que se radió mucho. Fue en un momento en que a la gente se le había olvidado que Gourriel era un hombre de grandes momentos y se apa­reció con aquel jonronazo frente a Jim Abbot, así surgió A cualquiera se la bota. También le compuse una canción a Antonio Pacheco: Capitán de capi­ta­nes, pero esta se escuchó poco.

«Yo tomo de referencia el béisbol hasta para actuar. Cuando voy a salir al escenario me digo: «Hoy voy a meter un jonrón». Estuve cierto tiempo sin salir en televisión y la gente tenía deseos de verme en la pantalla chica, y cuando se me dio la oportunidad, pensé: «Tengo que pegar un palo grande». Así surgió Un palo grande. Cuando la llamada Se­rie de Oro (la número 50) hice Co­mien­za la pasión, y al Primer Clásico Mundial también le dediqué una».

–¿Planes inmediatos para 2013?

–Tengo en proyecto un viaje a los Estados Unidos a principios de este año y la salida al mercado de dos discos; uno de ellos se llamará posiblemente No lloro y canto, casi con todos los te­mas inéditos, incluido uno dedicado a mi mamá Sixta, que falleció el 22 de di­ciembre de 2010.

–¿Y no hay nada ahí sobre la pe­lota?

–Probablemente en los dos vengan cosas del béisbol. Mi empresario de Inglaterra siempre me pide algo rela­cionado con la pelota; busca proyección internacional. Te puedo adelantar en exclusiva el título de uno de estos nú­meros: Yo voy a mí, que dice así:

Cómo te gusta hablar de pelota

y tú no sabes compadre

tú no sabes cuándo es bola

y mucho menos cuando es «estrái»…

 

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