El Martí que nos fecunda

yugo-y-estrella-farinas-oleoCada 28 de enero nos convida a hablar sobre José Martí. Un hombre del que no se puede escribir en pasado, porque reseñó la vida futura, la actual. De él muchos estudiosos han dicho que se anticipó a su época. Que es un cubano universal sobre el cual muchos creen se ha dicho todo.

Las escrituras martianas han sido analizadas a la luz de cada tiempo. Sus frases proliferan por doquier. En el afán de reproducirlas, más de una ha sido tergiversada por ser extraída de su contexto original. Por eso hay que leer a José Martí desde sus Obras Completas. Pero, acercarse a tan voluminosos tomos aterra.

Un amigo, a quien le agrada mucho leer me comentó en cierta oportunidad que nunca ha tenido en sus manos un libro de José Martí. ¿Cómo es posible?, pregunté. Ni siquiera los Versos Sencillos se había leído. «Únicamente su poema Abdala me gusta», confesó ante mi insistencia. «Es que todo lo demás me resulta tan denso, tan aburrido», argumentó.

Mi amigo tiene 47 años. Tras largas horas de diálogo, al menos quedé medio satisfecha al saber que se identifica con este fragmento del referido poema dramático: «El amor, madre, a la patria/No es el amor ridículo a la tierra,/Ni a la yerba que pisan nuestras plantas;/Es el odio invencible a quien la oprime,/Es el rencor eterno a quien la ataca;—[…]».

Y digo medio satisfecha porque tal vez a mi compañero tales versos se le quedaron grabados gracias a las clases de Español y Literatura recibidas en las enseñanzas Primaria, Secundaria o Preuniversitaria. No lo puedo afirmar. La conversación me indujo a creer que pueden existir muchos cubanos como este amigo mío, acérrimos apáticos a la lectura de la obra martiana.

Si él, que se educó y formó en la etapa más esplendorosa de la educación cubana piensa así, ¿cuántos niños, adolescentes y jóvenes en la actualidad no tendrán las mismas posturas?

Acercarse al ideario martiano no puede ser camisa de fuerza. No basta con la rigidez de un programa de instrucción fundamentado en los Cuadernos Martianos distribuidos en las escuelas de la Isla. Hace falta involucrar a instituciones fundamentales como la familia. Las tareas escolares son una vía, pero, ¡cuidado! La intensión tampoco puede consistir en que sean los padres quienes las realicen, como atestigüé recientemente cuando una vecina llegó hasta mí desesperada en busca de los nombres de las siete hermanas de José Martí. Además de la búsqueda ella tenía que confeccionar una muñeca negra. «La maestra le hizo esa solicitud a los 28 niños del aula, no sé para qué quiere tantas muñecas de idéntico color», replicó mi vecina.

Intenté hacerle entender que tal vez la educadora pretendía de esa manera acercar a los niños al cuento que aparece en La Edad de Oro, cuyo personaje Piedad transmite la ternura y la visión que tienen los infantes del mundo que les rodea. No sé si convencí a mi vecina, solo traigo el ejemplo para argumentar que la Cuba de hoy está urgida de nuevas maneras para enseñar el pensamiento del Héroe Nacional. Las venideras generaciones lo agradecerán.

Al cumplirse 163 años de su nacimiento vale referenciar lo que el Apóstol de los cubanos dejara escrito en carta dirigida a su querida madre, el 15 de mayo de 1894. El hombre que siempre nos fecunda, fue capaz de expresarle a su progenitora, con singular sencillez y a la vez con gran determinación: «Pero mientras haya obra qué hacer, un hombre entero no tiene derecho a reposar. Preste cada hombre, sin que nadie lo regañe, el servicio que lleve en sí.»

Y agregó en la citada misiva al referirse a su propia vida: «Mi porvenir es como la luz del carbón blanco, que se quema él, para iluminar alrededor. Siento que jamás acabarán mis luchas.»

Be Sociable, Share!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


*

+ fifty two = sixty one