Che con niño, una escultura cautivadora

Foto: Yariel Valdés

Foto: Yariel Valdés

No es la única escultura del Che en Santa Clara, pero sí muy atrayente. Che con niño fue ubicada en 1998 y desde entonces es una visita obligatoria para cubanos y foráneos.

Entre las más hermosas esculturas del Comandante Ernesto Guevara, y una de las más visitadas de Santa Clara, se encuentra la ubicada a la entrada del edificio que ocupa el Comité Provincial del Partido en Villa Clara, antigua comandancia del guerrillero en la Batalla de Santa Clara.

La hermosa escultura a tamaño natural está emplazada en el lugar santaclareño desde 1998. El autor, el escultor vasco Casto Solano Marroyo, nació justo en el año que el Guerrillero Heroico liberó la ciudad de Santa Clara, en 1958. El hecho puede parecer aislado pero cuando se indaga en su fecunda obra plástica puede vislumbrarse una significativa atracción por la vida y obra del revolucionario cubano-argentino Ernesto Guevara de la Serna.

Se trata de una obra cautivadora que llama mucho la atención a los visitantes nacionales y foráneos, sobre todo a los infantes, por eso también es llamada el Che de los niños.

Al decir del propio Casto Solano, la escultura es un reconocimiento de los valores humanos, un homenaje a la honradez, a la honestidad del Che.

estatua-che-yvg-11En una entrevista realizada al escultor vasco, por el profesor universitario Arístides Rondón Velázquez, el artista se refirió al significado de los distintos símbolos de la estatua.

Al respecto señaló: «Con ellos he pretendido representar los valores del Che y sus renuncias. En la motocicleta, el viaje suyo junto a Alberto Granados por Sudamérica. El libro en el bolsillo, su pasión por la lectura y el importante valor que le otorgaba a la formación y educación del hombre.

«El tabaco de su mano derecha, el puro que entretiene y alivia el asma, y en su pecho –símbolo del infinito– dos niños que recorren los latidos de su corazón.

«El movimiento de su pelo; el de una imagen divina, y la pequeña hamaca colgada entre sus cabellos, un reconocimiento a su sacrificio, a la renuncia a la placentera vida familiar que cambió por una húmeda hamaca en la Sierra Maestra.

«En su hombro, sobre una cabra, el niño que el Che siempre fue. Y en su paso viril y hacia el futuro; la energía renovada que le da el saber que el niño que porta en brazos tiene la libertad en su mano.»

No pasa un día en que decenas de personas vengan a contemplarla y dejarle flores. Algunas de las partes de la escultura en bronce han cambiado el color de tantas manos que la han tocado; en particular sus botas, bruñidas y relucientes.

El lugar se ha incluido en la ruta turística de la ciudad. Desde el monumento a la Acción contra el Tren Blindado, de paso hacia la Loma del Capiro, resulta casi obligado detenerse frente a tan cautivadora escultura.

No es la única estatua dedicada al Che en Santa Clara, su ciudad, pero sí muy atrayente.

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