Baja fecundidad en Cuba: ¿quién tiene la culpa?

Por  Gloriadelys Wright Hernández/ACN

fd28c13caeff9071181d6f04c1abc0ca_L«¡Las mujeres no quieren parir, ahora sí está bueno esto! Nosotros siempre estamos dispuestos…», escuché decir una mañana en mi cotidiano viaje de Guanabo a La Habana y como tema de conversación entre los pasajeros y el taxista, debate que produjo críticas de toda índole.

Todo empezó por una simple frase: «las mujeres en Cuba ahora no quieren tener hijos», dijo Pedro (por llamarlo de algún modo) a su compañero de trabajo, deduzco, porque usaban el mismo uniforme.

De pronto el chofer, que en este caso no tenía la música a todo volumen, se inmiscuyó: «Sí, es verdad, incluso en la televisión lo dijeron»; luego otro de los pasajeros acotó: «Mi mujer dice que mientras no termine la Maestría nada de nada», y otro (entre señas y bajito) afirmó que aquí no lo piensa tener.

A simple vista eran de diferentes generaciones, niveles educacionales y posición económica; sin embargo, antes de llegar al Parque Central, donde me bajaría, todos habían llegado a la conclusión de que era responsabilidad de las féminas, como si los hijos se hicieran solos o fueran «encargados» a la cigüeña.

Pero resultaba evidente que aún desde algunos medios de difusión masiva esta situación demográfica, mal llamada “problema”, es comprendida a partir de la visión patriarcal, y ellos eran solo el resultado, el último eslabón de la cadena.

Cuba es uno de los países más envejecidos de la región y la fecundidad condiciona esta estructura por edades. Datos sobre ese indicador reportan que desde 1978 la fecundidad cubana descendió por debajo del nivel de reemplazo, lo que significa que cada mujer no llega a dejar una hija que la sustituya en el rol reproductor.

El pasado calendario las féminas entre 15 y 49 años no llegaron a tener dos hijos como promedio.

Proyecciones de la población cubana 2015-2050, del Centro de Estudios de Población y Desarrollo, de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información, refieren que esa cifra tendrá un ligero aumento; no obstante, especialistas vaticinan que oscilará alrededor de los valores actuales.

También los cálculos apuntan que para esa fecha disminuirá el número de mujeres en edad reproductiva. Si actualmente suman alrededor de 2,8 millones, a mitad de siglo se prevé sean solamente dos millones.

Investigaciones publicadas en la revista Novedades en Población, del Centro de Estudios Demográficos de la Universidad de La Habana, exponen que ese descenso es multicausal, condicionado, además, por los cambios emprendidos luego del triunfo de la Revolución a favor del pleno desarrollo de las mujeres.

Entre esos elementos destacan los relativos al patrón tradicional de familia pequeña, la incorporación social de las cubanas, el acceso a los métodos de regulación de fecundidad, el elevado nivel escolar, condiciones económicas y anhelos diversos.

A su vez, en el libro La población de Cuba hoy se explica el comportamiento e interrelación de las variables fecundidad, mortalidad y migraciones, componentes esenciales para entender la complejidad de ese fenómeno, que implica a todas las generaciones, incluso a las que están por nacer.

A lo anterior se suma el comentario de que «la economía está mala, y si no tengo dinero para el primogénito, ni pienso en el segundo».

Pero no solo es cuestión de finanzas sino de autonomía, de empoderamiento femenino, de poder decidir cuándo, dónde y con quién, y de tener la posibilidad de postergarlo porque el año que viene aspiro a…

En los países desarrollados la expectativa de familia es pequeña (mamá, papá y nené), y así también sucede en Cuba , por lo cual desde el Lineamiento 116 del VI Congreso del Partido se toman en consideración las actuales tendencias demográficas, en aras de articular el desarrollo económico y social con las características de la población.

Algunos gobiernos en Europa financian desde el segundo hijo en adelante y hay quienes viven de esa entrada monetaria; sin embargo, la baja fecundidad persiste porque la independencia socioeconómica hace que las féminas posterguen la maternidad para alcanzar metas individuales, y ello es «resultado de un proceso transicional positivo», como enfatizan los investigadores.

En la Isla hemos avanzado en la igualdad de derechos y oportunidades para ambos sexos si se compara con cifras antes de 1959.

Existe la Ley de Maternidad que beneficia también a los padres, la atención médica periódica durante el embarazo y muchas otras gratuidades.

No obstante los logros de las mujeres cubanas, incluyendo el de representar más del 66 por ciento de la fuerza técnica y profesional en el país, los mayores porcentajes de universitarias, y en diversas profesiones, todavía la “responsabilidad compartida” de gestar tiene un fuerte opositor: el machismo.

Traer hijos al mundo empieza incluso antes de los nueve meses, trasciende la idea de «hacerlos para complacer a alguien» o de quererlos «porque ya es hora». La responsabilidad para con ellos precisa del apoyo e implicación de ambas partes, y como dicen «debe ser para toda la vida».

Imagínese entonces viajar casi 35 kilómetros, de Guanabo a La Habana, junto a cuatro personas que están convencidas, y cuyos comentarios insinúan que la culpa de la baja fecundidad en Cuba la tienen las mujeres.

 

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