Maestro por herencia

El magisterio le corre por las venas. Desde pequeño jugaba a impartirles clases a los amiguitos del barrio. En más de una ocasión puso al abuelo como alumno y muchas veces tuvieron que requerirlo porque asumía que el escaparate era el pizarrón.

Así Yasley Machado Crespo se acercó a la profesión que hoy ejerce. Con la influencia de su mamá Nancy Crespo Martínez y la hermana de esta Lucía, él se inclinó por ser maestro.

«Cuando comencé la secundaria no tenía esa intención —comenta—, pero al concluir el noveno grado decidí matricular en el Prepedagógico 1º de Mayo, conocido también como Yabú 4. Fueron años de mucho estudio y cada día que pasaba me gustaba más el camino elegido».

Yasley prosiguió estudios superiores en la universidad pedagógica Félix Varela donde alcanzó el título de Licenciado en Enseñanza Primaria. Desde el primer año de la carrera se vinculó como parte de las prácticas laborales al seminternado Octavio de la Concepción y de la Pedraja. En este plantel se desempeña hoy como maestro de 4º grado. Ha transitado con sus alumnos desde primero por lo que se siente satisfecho con los logros alcanzados por sus discípulos.

«Les enseñé a leer y escribir —narra—, era la primera vez que me enfrentaba a esta tarea. Muy compleja por la responsabilidad que implica, pero a la vez reconfortante al ver cómo cada alumno avanza en el aprendizaje de la Lengua Materna, cómo aprenden a calcular y dominan el mundo de los números hasta el 100».

¿Recibió asesoría de alguien con más experiencia?

—Sí. Aquí tuve como tutoras a las másteres Bárbara Hernández Martín, Yadelis García Herrera e Iraiza García Castañeda. Con ellas pude aprender cómo enseñar las primeras letras, los sonidos y la caligrafía. Me ayudaron mucho, de lo cual estoy muy agradecido porque el primer grado es el más difícil.

¿Cuáles son las principales motivaciones por las que decide mantenerse frente al aula?

—La satisfacción de poder ver en los educandos los conocimientos que les voy depositando, así como los valores cívicos que les inculco para que les sirva para la vida.

¿Guarda el recuerdo y ejemplo de alguno de sus educadores?

—Por supuesto. Sigo el ejemplo de Yudith Hernández Mesa, mi maestra desde primero a cuarto grado. Ahora ella es la directora de Pepito Tey, donde cursé mis estudios primarios. La recuerdo con agrado por su dedicación y entrega, cuestión que trato de cumplir todos los días.

De acuerdo con el plan de estudios, los maestros deben trabajar la figura de varias personalidades de la Historia de Cuba. A usted, ¿cuál le motiva abordar más y por qué?

—La figura del Che, por lo que hizo en Santa Clara. Además, ellos reciben la pañoleta el 8 de octubre, día de la caída del Guerrillero Heroico en Bolivia. Se aprenden el lema de la organización que dice: ¡Pioneros por el comunismo! ¡Seremos como el Che! Luego, al terminar el tercer grado, el 14 de junio, en el cumpleaños del Che, se les hace el cambio de atributo. Estas fechas constituyen motivaciones fundamentales para hablarles de la vida de un hombre que fue internacionalista e hizo mucho por las causas justas del mundo.

¿Y entre las asignaturas que imparte cuál prefiere?

—Matemáticas. Se trata de una materia integradora, donde se aplican los conocimientos de forma práctica. Desarrolla el pensamiento lógico y reflexivo. Brinda estrategias de aprendizaje para la búsqueda del conocimiento. Permite describir el proceso y el resultado a la hora de solucionar las diferentes tareas. Ayuda a valorar y aplicar soluciones a la práctica social.

¿Cuál es su momento más difícil del día?

—Por las tardes. Cuando llego a la casa y después de la jornada intensa tengo que seguir preparándome. No descanso porque el maestro debe adiestrarse constantemente.

Tal vez sean esas las razones por las que Aliani, Nayelis, Ana Gabriela, Amalia y el resto de los alumnos coincidan en que Yasley es el mejor maestro del mundo. Al preguntarle sus criterios todos dijeron que es exigente y a la vez cariñoso.

«No falta nunca, ni cuando está enfermo», dijeron. «Se pueden nombrar dichosos al tener un maestro tan talentoso como él, quien además es destacado y eficiente», manifestó Liliet Hernández Pino, la asistente educativa que cada día presencia la labor de Yasley.

No obstante, le queda tiempo para distraerse, ir a la discoteca o al teatro. También conversa con sus amigos los fines de semana. Cuando visita a sus alumnos por motivos de estar enfermos, considera que hablar con la familia es un momento de distracción.

Con maestros así, la educación en Cuba podrá cumplir con éxitos sus propósitos. Necesitamos a jóvenes como él, capaces de entregar lo mejor de ellos en la noble misión de enseñar, bien sean por herencia, o no.

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