La historia de Cuba destaca la labor incondicional de Ana Betancourt, que decidió incorporarse a la lucha redentora, dando muestras innegables de valor y grandeza, se destacó en la clandestinidad, sumando patriotas a la causa; incluso, llegó a ocupar responsabilidades en el Comité Revolucionario de Camagüey, su ciudad natal, pero fue muy perseguida y presionada.
Su nombre se difundió por toda Cuba en la Asamblea Constituyente de Guáimaro (1869), en la que José Martí posteriormente, en sus escritos, la describió en detalles: “…una mujer de oratoria vibrante… anuncia que el fuego de la libertad y el ansia del martirio no calientan con más viveza el alma del hombre que de la mujer cubana”.


