Un educador que vale

No es únicamente por su apellido. Los valores personales y profesionales de José Vale Marrero poseen un aval de 50 años en el ejercicio como docente.

Por eso guarda con mucho celo y amor el diploma que lo acredita como egresado del Curso Emergente de Maestros. Lo recibió el 6 de agosto de 1969. Para algunos puede ser un simple papel amarillento. Pero para él significa el inicio de una trayectoria laboral que comenzó en Corralillo, específicamente en la Esbec Aurora Rivero Hernández, el 1.º de septiembre de 1969.

Educador José Vale Marrero.
José Vale Marrero. (Foto: Osmaira González Consuegra)

«Tenemos que rescribir la historia del magisterio —dice—, y recordar que con escuelas como esa se dio inicio a un sistema educacional sin precedentes. Hoy esa instalación se utiliza para atender a personas con dificultades psíquicas. Tal vez por eso se ha olvidado que fue una de las primeras secundarias en el campo, antecesora de las que después se construyeron como grandes edificios de mampostería con la tecnología Gran Panel».

Durante estas cinco décadas, Vale Marrero ha transitado por todos los niveles de enseñanza como profesor de Educación Laboral en Sagua la Grande. Incluso matriculó un curso de inglés e impartió este idioma en primaria.

Para él, la máxima de un buen profesor debe ser el respeto a sus alumnos. «Hay que comprenderlos y a la vez exigirles, pero con el ejemplo. Hoy los muchachos están muy vinculados a las tecnologías digitales. Quieren hacerlo todo a través del celular. Tomar fotos a la pizarra para no copiar las notas de clases y tener así los resúmenes se ha convertido en una práctica común. Y los profesores estamos en la obligación de explicarles que no es lo correcto, porque pierden habilidades en la caligrafía y en la redacción».

No se trata de estar en contra de la tecnología —aclara Vale—, sino de buscar un equilibrio entre esta y las formas tradicionales de enseñanza.

Recién acaba de jubilarse, per, «si la salud lo permite, volveré a incorporarme al Instituto Politécnico de los Servicios Antonio Guiteras Holmes, y otra vez emprenderé el camino elegido aquel 6 de agosto de 1969, porque lo que me gusta es impartir clases».

Con la sonrisa a flor de labios, este hombre de 65 años no aparenta cansancio alguno. Más bien inspira a ser seguido en el arduo quehacer magisterial. Merecedor del Premio Especial del Mined y de la medalla Pepito Tey —ambos reconocimientos anhelados por él durante mucho tiempo—, ha contribuido a la formación de profesores en su municipio.

Logró graduarse de máster en la primera avanzada y el título se lo entregó la propia ministra de Educación, la doctora Ena Elsa Velázquez Cobiella. Pueden existir cientos de méritos más, pero los aquí relatados son los que más enaltecen a este educador que vale.

 

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