Mujer en las guerras independentistas cubanas del siglo XIX

Por Fidel Alejandro Manzanares Fernández*

Camagüey, Cuba (Prensa Latina) A pesar del protagonismo preponderante de los hombres, marcado por la historiografía local, el rol de las féminas cubanas en las guerras independentistas del siglo XIX en la Mayor de las Antillas merece destaque especial.

Sobre el tema la reciente presentación del libro Cuando la luz del mundo crece, compilación del Premio Nacional de Literatura 2017 Luís Álvarez, remite al artículo La mujer camagüeyana ante la Asamblea constituyente de 1869, a cargo de la investigadora Olga García Yero.

Importantes apuntes de la doctora en Ciencias Filológicas llevan hacia una de las páginas más importantes de la historia del país, que tuvo su primera Constitución de la República en Armas, firmada en Guáimaro en 1869.

En el escenario uno de los líderes de la gesta libertadora contra España, Ignacio Agramonte y Loynaz, leyó la petición de Ana Betancourt para ‘que tan pronto como estuviese establecida la República nos concediese a las mujeres los derechos de que en justicia éramos acreedoras’.


La cita recogida por Nydia Sarabia, biógrafa de la patriota Betancourt, refleja el deseo de emancipación de las madres, esposas, hijas, en momentos en que la cultura patriarcal las relegaba a las misiones de la casa, el cuidado y educación de los hijos, y un destino marcado por la devoción religiosa.

Sin embargo, los apuntes de la propia Sarabia, sintetizados en el artículo de Yero, hablan de la trascendencia del aporte de Ana Betancourt en la denominada Guerra Grande, iniciada en 1868.

‘Su casa era foco de la revolución. Se depositaban armas y pertrechos de guerra, se hospedaban los emisarios que enviaban de Bayamo, Las Tunas y Manzanillo; y Ana Betancourt se encargaba de escribir las proclamas entre el pueblo y la tropa. (…) A su casa iban y eran despachados los correos, armas, ropas y periódicos para los insurrectos’, explica la historiadora.

Independientemente de la posición o clase social, las mujeres brindaron en la manigua un notable apoyo a los hombres. Allí curaron heridos, llevaron mensajes, cocinaron y atendieron a los enfermos. ‘Muchas murieron fusiladas o asesinadas por la tropa española o por los guerrilleros’, refiere García Yero.

Hasta la prensa de la época norteamericana llegaron los reportes de las páginas gloriosas de las mujeres según los apuntes de Vicente García Verdugo en su libro Cuba contra España.

‘Además del comité cubano de Nueva York, se había establecido una junta de señoras, cuyo objeto era allegar recursos para alimentar la insurrección que desolaba al país’, cuenta el autor.

Incluso mucho antes de iniciarse las luchas independentistas el 10 de octubre de 1868, encabezadas por Carlos Manuel de Céspedes, designado precisamente por la Asamblea de Guáimaro como el Presidente de la República en Armas, ‘la mujer de Puerto Príncipe -actual Camagüey- tuvo una decisiva participación en las actividades antiespañolas’.

‘No más recordar la conspiración de Joaquín de Agüero en 1851. Las principeñas, en un auténtico acto de dignidad y valor, se cortaron el cabello, se vistieron de negro y salieron a las puertas de la calle por donde caminaría el patriota hacia su martirio. Fue una demostración de valentía y patriotismo’, refiere García Yero.

El ámbito de las letras, la literatura y el periodismo también ocuparon espacio en la acción de las féminas, desde el periodo previo a los encuentros armamentistas entre la metrópoli y su colonia en el Caribe.

‘Fue Domitila García Duménico una de las camagüeyanas que sobresalió desde muy temprano por sus ideas independentistas. Mujer singular que aprendió muy joven el oficio de tipógrafa y que ejerció el periodismo con hondura y elegancia (…) antes del alzamiento de 1868 ya había fundado el periódico La Antorcha que tenía un corte independentista’, refiere García Yero en Cuando la Luz.

Las misiones y costumbres que fue asumiendo este grupo de mujeres más allá de las identificadas e impuestas por la sociedad patriarcal, influyó en los primeros pasos hacia la emancipación, aunque no ocurriría de inmediato.

‘Estas circunstancias contribuyeron a que adquirieran, mucho más tarde, conocimiento de su independencia y peculiaridades como sujetos sociales’, describe en su amplio ensayo la referida autora.

Otras destacadas mujeres cubanas en la etapa colonial resultaron Sofía Estévez, a quien José Martí dedicó oportuna valoración sobre su poesía patriótica; además sobresalen en el período Úrsula Céspedes y la destacada escritora Gertrudis Gómez de Avellaneda, fundadora de la primera revista por y para las mujeres en 1860.

Tan bravas y valientes como los propios héroes de las Guerras de independencia de Cuba en el siglo XIX, las mujeres antillanas se ganaron su espacio en la historia por méritos propios.

Catapultadas a la eternidad, dejaron su legado a las generaciones posteriores, un papel crucial en los procesos revolucionarios actuales.

*Corresponsal de Prensa Latina en Camagüey.

 

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