Juana

juana-en-japones1Nunca me gustó mi primer nombre: Juana. Siempre me pareció enorme para una niña. Lloraba cuando en el pase de lista los maestros me decían así. Creía que era propio únicamente de las «viejas». Quizás por crecer rodeada de varias mujeres de la tercera edad llamadas así.

Por ejemplo, Juana Pérez, la vecina de enfrente a la casa donde nací.  En la infancia me deleitaba peinarle el cabello. Todavía vive y sus largas canas dicen cuánto tiempo ha transcurrido. Pero no ha sido suficiente como para dejar de identificarla con nombre y apellido.

Y es que, muy cerca vivía otra Juana. Ahora ya no está. Pero reservo en la memoria su canto mañanero y el hábito de explicarlo todo con refranes, similar a Maíta, ese pintoresco personaje de la teleserie Diana. A veces le decíamos la de Crescencio, para diferenciarla de su tocaya. Aunque, por lo general, la llamábamos cariñosamente Juanita. Con ella aprendí que debemos ajustarnos a las circunstancias y si unos tienen mucho que comer, para otro puede ser que no haya mejor plato que un poco de arroz blanco con tortilla.      

Juana también era mi abuela paterna. Y por un tiempo pensé que  la coincidencia de nombres se debía a ella. Sin embargo, supe luego que no influyó en nada. Dicen mis padres que de haber nacido otro día, tal vez nunca me lo hubieran puesto.

Entonces, ¿por qué me llamo Juana? 

Sencillo. Vine al mundo el 24 de junio, día de San Juan Bautista. A pesar de no provenir de una familia católica recibí como «bautizo», el femenino de Juan. Porque así se llamó mi bisabuelo materno, y su esposa, la bisabuela María sí que confiaba mucho en el Santo que el calendario le indicaba a los recién nacidos.    

En la escuela conocí que Juana fue el primer nombre de Cuba. Sentí orgullo y no juana-bacallao20niego que comencé a ver los distingos del calificativo en Juana de Arco, Sor Juana Inés de la Cruz, Juana Borrero, Juana de Ibarbourou, Juana la Loca, Juana Bacallao…  Así me acerqué a las  bellezas que encierran sus personalidades y acepté poco a poco llamarme como ellas.   

Quiso la vida que otro 24 de junio —en 1997—, defendiera la tesis de grado para recibir el título de licenciada en Comunicación Social, pero con alta dosis de periodismo. Ese día dije:

«Hoy es una fecha significativa para muchos. Dos pueblos de Villa Clara —San Juan de los Remedios y San Juan de los Yera— celebran sus aniversarios de fundación. En Santiago de Cuba, conmemoran el combate de la Loma de San Juan, hecho histórico de las luchas por la independencia. También se festeja el San Juan camagüeyano. Coincide que es mi cumpleaños por que nací el día de San Juan Bautista y aunque prefiero que me digan Osmaira,  espero que en algún momento me bauticen como «Juana la periodista».

Doce años después, y con 39 almanaques a cuestas, ya no siento rechazo por mi primer nombre: Juana. ¿Será que me estoy poniendo vieja?

De cualquier manera, tengo la edad necesaria y experiencia peridística como para alimentar en el ciberespacio este blog. Con Juana: Isla y Mujer, propongo una reverencia ante todas las mujeres. Llámense, o no, Juana. A fin de cuenta, un nombre no determina cuántas páginas podemos escribir sobre mujeres que protagonizan la historia cotidiana, bien sea en el barrio, a lo largo de la isla o en otras partes del mundo.

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3 pensamientos en “Juana

  1. avatarJuvenal Balán

    Pq primero Juana la Loca y seguidamente Juana Bacallao? No sería mejor ponerlas lejos una de otra. La Bacallao, es mi vecina

  2. Pingback: Juana » Mujer madura y profesional adolescente

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