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El turno de Carolina

Por Leydi Torres Arias (Tomado de Vanguardia)

Desde que la conozco, me parece que el día de Carolina Vilches ha de durar más de 24 horas. No imagino cómo logra que el tiempo le alcance para hacer tantas cosas.

Siempre se le ve apurada, como si desafiara las horas. Realmente le deben quedar pocos minutos libres entre las fotografías, los diseños de revistas, ilustraciones de libros, fotorreportajes, o el actualizar su página Claroscuros. Pero esa es solo la arista profesional que percibimos cada día quienes trabajamos a su lado. Carolina es más. Es madre, esposa, hija, amiga.

Recientemente obtuvo, con la serie Turno corrido, el Primer Premio en el Concurso de fotografía 5×7, de pequeño formato, que auspicia el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau. Luego de presentarla en La Habana, en estos momentos la muestra se exhibe en la Galería Provincial de Arte en Santa Clara.

Turno de la mañana

Carolina Vilches ha expuesto fotografías en otras ocasiones, pero ahora es diferente. A ella siempre se le ve detrás de una buena foto, para inmortalizar los instantes. Esta vez, sin embargo, se muestra de frente al lente.

Turno de la tarde

Las fotografías que conforman Turno corrido, descubren una mujer que lava, cocina, desafía el tiempo y el transporte en bicicleta,  tiene una vasta vida profesional, y que además, a veces duerme.

«¿Caro, con quién dejaste a los niños?», le pregunto cuando tiene que trabajar de noche, sobre todo en coberturas culturales o de beisbol. «Imagínate, con los más grandes», me dice. Los mayores, que son jimaguas de poco más de 20 años, se quedan al cuidado de los pequeños hasta que la madre regresa, a veces pasada la medianoche.

Turno corrido revela cómo es el tiempo de una mujer que trabaja fuera y dentro de su casa. Aunque yo continúe pensando que el día de Carolina Vilches tiene más de 24 horas.

Volver a Mirar: La realidad latinoamericana en fotos

 

genero-128Desde el lente de Eduardo Valenzuela Garzón, fotógrafo ecuatoriano, la vida fue captada tal cual es, para integrarse en la muestra expositiva Volver a Mirar, la cual puede apreciarse en el Instituto Internacional de Periodismo José Martí (IIPJM), en Ciudad de La Habana.

Como parte del Taller Regional Cambiar la Mirada que sesionará aquí hasta el viernes 4 de diciembre, Valenzuela Garzón obsequió a las comunicadoras latinoamericanas asistentes al evento, un total de 25 imágenes. Cada una conforma un producto comunicativo independiente, a la vez que se combinan entre sí para reflejar la realidad de América Latina. La población femenina y masculina aparece compartiendo un mismo hilo discursivo desde los distintos espacios sociales. El trabajo, el estudio y la recreación y la convivencia doméstica queda reflejada sin distorsiones, ni empleo de técnicas de montaje digital.

«Por que la intensión —señala el fotoreportero— consistió en mirar otra vez, al término de cada día de trabajo en la calle, las fotos captadas en la cotidianidad. Esa segunda observación dentro del laboratorio (entiéndase pantalla de la PC) me permitió seleccionar la muestra que ahora expongo».

Durante la inauguración —el pasado lunes 30 de noviembre— Antonio Moltó, director del IIPJM, felicitó la propuesta de ofrecer una mirada diferente y extremadamente  profesional de la sociedad en el continente. «Nuevamente valoramos cómo una imagen habla más que mil palabras», dijo.

Con su tercera exposición en la Isla, Eduardo Valenzuela Garzón, consolida los vínculos de solidaridad e intercambio académico con sus colegas cubanos.

genero-075«Vine por primera vez a Cuba —dice— en el 2005 como alumno del Diplomado de fotoperiodismo realizado en el IIPJM. Al año siguiente acordamos regresar para inaugurar una exposición colectiva titulada De este lado del Mundo: cinco visiones fotográficas. En ella compartí el espacio de la Sala Majadahonda, del Centro Pablo con los cubanos Alain Gutiérrez y Daniel Hernández, el dominicano Pedro Guzmán, y el boliviano Fuad Landívar.  Al mismo expuse la muestra A Sangre, de conjunto con el cubano Julio Larramendi».

El fotoreportero ecuatoriano, publica mayoritariamente en su página web en internet. También ha realizado exposiciones en República Dominicana y Ecuador, donde colabora con distintas agencias de prensa.

 

Fotos: Inda

Diana apostó por la mujer… ¡Y venció!

Desde que escuché hablar de la teleserie Diana, el título me sugirió nombre de mujer. Incluso esperaba que apareciera algún personaje llamado así. Pero sandra-140x3002enseguida entendí que se trataba de un símil. De otra manera de sugerir, en cada capítulo, un tiro al blanco de nuestra cotidianidad.

Mas, en su «dardo» 35 lanzado anoche observé con satisfacción cómo Diana se   multiplicó en el rostro de dos niñas. ¿Final inesperado? Sí, al menos para mí.
Sonreí con la ocurrente respuesta de Fernando: «He dado mi aporte contra el decrecimiento poblacional», y lo traduje como la apuesta segura de Rudy Mora a favor de las féminas.

No sé a ciencia cierta si estuvo entre las intenciones del realizador. Lo verídico está en que como espectadora sentí el reconocimiento merecido a quienes procreamos. Celebro la manera respetuosa conque reflejó nuestro mundo interior.

Ahí se reflejaron los distintos conflictos de las mujeres, por eso le concedo todos los méritos y aplausos a esta teleserie. La maternidad, en primer lugar, constituyó el hilo de un collar que enlazó perlas preciosas como Fina — verdadero oro molido, como decía su esposo Evelio—, y qué decir de Violeta, capaz de compartir su corazón y convertirse en Tata para Fernando.

Pocas cuestiones propias de nosotras quedaron al margen. Allí estuvieron las suegras, buenas o menos buenas. Las tolerantes, o no. Las simpáticas como Maíta y las que le dicen al pan; pan y al vino; vino, como la madre de Andrés. Por eso no congenian con nueras parecidas a María Teresa. ¡Y he ahí un punto para detenerse! Sigue leyendo