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Celia: La flor más autóctona de la Revolución

celia1Todavía no cumplía yo los diez años, cuando aquel 11 de enero sentí que otra vez la tristeza entraba en mi hogar traída por las imágenes de la televisión. La primera ocasión ocurrió cuatro años antes cuando en la pequeña pantalla apareció la transmisión del sepelio de las víctimas del crimen de Barbados.

La noticia de 1980, y las imágenes que la acompañaron, también llegaron a la par de las lágrimas de mi abuela y mi madre, conocedoras de cuánto había hecho esa mujer cuya muerte se anunciaba. Entre tanto, yo apenas entendía el porqué de tanta conmoción.

Solo el tiempo, y la posibilidad de crecer leyendo libros de Historia de Cuba, me ayudaron comprender las razones por las que ese día fue tan luctuoso para toda Cuba.

«Nunca dejó una carta sin respuesta. Quienes se dirigían a ella para plantear un problema, siempre encontraron alguna solución», sentencia aún mi mamá al recordar cuánta laboriosidad caracterizó a La Flor más autóctona de la Revolución.

Cuando lo consideré oportuno y posible —a mis 30 años—, escalé la ruta seguida por ella para llegar al Pico Turquino. Creo que ningún cubano debe negarse la maravilla de admirar por sí mismo el busto de José Martí que con sus propias manos, ella ubicó en la mayor elevación de la Isla. También visité el museo dedicado a ella en Manzanillo y lamento no haber llegado hasta su Media Luna natal.

Una foto suya, la menos divulgada quizá, aparece en la colección Retratos de patriotas cubanas, un exquisito regalo del Héroe de la República de Cuba Antonio Guerrero. La exposición transitó por varias provincias del país del 9 de enero al 9 de febrero de 2008. Para algunos resulta un privilegio poseer estas imágenes. Posibilidad que ahora me permite hacer partícipes a los lectores de mi blog la dedicada a Celia, así como el texto que aparece en el reverso:

Celia Sánchez Manduley
(1920-1980)
Nació en Media Luna, provincia de Oriente, el 9 de mayo de 1920.
Militó en el partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo), y en 1953, año del Centenario del nacimiento del Apóstol, José Martí, escaló el Pico Turquino para colocar un busto de bronce del Maestro.

Fue protagonista de la epopeya cubana por la definitiva independencia. Ejemplo de consagración y fidelidad a la causa de la Revolución. Heroica y audaz, su aporte resultó decisivo en los planes para posibilitar el desembarco de los expedicionarios del Granma, así como el reagrupamiento y posterior consolidación del Ejército Rebelde. Creó una eficaz red de apoyo, de vital importancia para sostener a los expedicionarios sobrevivientes luego del combate de Alegría de Pío y para abastecer después a los rebeldes en la Sierra Maestra. El 19 de marzo de 1957 se convirtió en la primera mujer guerrillera del Ejército Rebelde. Participó en el combate del asalto al cuartel del Uvero, primera acción importante de la tropa revolucionaria.

Luego del triunfo de la Revolución desempeñó importantes tareas. A su labor paciente y esmerada se debe la conservación de un cúmulo de documentos de alto valor histórico, de cuya custodia se encargó durante toda la Guerra de Liberación y que fueron la base de la actual Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado que creó.

Fue fundadora del Partido Comunista de Cuba y miembro de su Comité Central. Trabajó siempre junto a Fidel, que depósito en ella toda su confianza. Fue miembro del Consejo del Estado. A su nombre y quehacer está indisolublemente unido un gran número de obras que evidencian su sensibilidad y cultura, tales como el Parque Lenin y el Palacio de Convenciones. Desempeñó un papel relevante en la historia revolucionaria cubana.

Margot y sus 100

Margot Machado Padrón cumple este 24 de septiembre 100 años. Ella es una de margotesas cubanas heroicas que a pesar del dolor de perder a sus hijos se mantiene firme y en pie de lucha por la Revolución. El 26 de mayo de 2004, durante el homenaje por el 47 aniversario de la muerte de su hijo Julio Pino Machado, tuve la oportunuidad de dialogar con ella.

Me recibió en su vivienda de siempre: San Miguel No 70, una verdadera fragua de patriotas. En compañía de sus hermanas rememoró su vida en la clandestinidad y confesó que cada vez que retorna a esta casa santaclareña se emociona mucho.

«Aquí, Adriano —el esposo— y yo pasábamos la siesta del mediodía y leíamos las noticias del periódico Hoy. A veces los muchachos venían con sus amigos para  opinar sobre lo que ocurría en el país. Los policías batistianos también estuvieron 17 veces. La registraban de arriba a bajo, pero nunca encontraron nada», refirió. Sigue leyendo