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Los 80 de Chiquitica

Es una grandiosa mujer. Mas, todos la nombran Chiquitica. Dice que fue su padre quien le adjudicó el apodo. Sin ser la menor de los siete hermanos, tal vez se lo ganó por la pequeña estatura.

Estatura que a los 80 años, cumplidos este 9 de junio, se eleva mientras la rodean hijos, nietos, bisnietos, sobrinos, yernos, nueras y amigos. Tronco y sostén de una familia forjada desde los valores y principios revolucionarios. Sobre todo a golpe de batea y plancha al carbón.

Sí, porque bastante ropa lavó y planchó para contribuir a la alimentación de sus cinco descendientes. Entre tanto, el esposo, ya fallecido, recorría los campos hasta encontrar dónde cortar caña y recibir un pago que alcanzara para lo necesario. A veces, él se valía de su prodigiosa voz, para en bares y cantinas, tras cada canción recibir algunos pesos que garantizaran la vestimenta y el calzado de todos en la casa.
«Con esa voz me enamoró», narra ella de vez en cuando. No olvida los boleros que en tantas ocasiones le dedicó, o cantaron a dúo. Muchas veces para evadir en él los celos y erradicar en lo posible sus actitudes machistas.

Un puntal humano y comprensible. Eso es Lilia Águila Quevedo, la Chiquitica que en 1960 aceptó el cargo de presidenta del Comité de Defensa de la Revolución (CDR), en una de las últimas cuadras de la calle Ignacio Agramonte, en el municipio de Cruces, de la provincia Cienfuegos. Todavía se mantiene en el cargo.
«¿Hasta cuándo estarás al frente del CDR? Ya es hora de encontrar tu relevo», le digo cada vez que la visito. Pero ella, infatigable ama de casa, fidelista desde la cabeza a los pies, únicamente responde: «No me molesta seguir dirigiendo la cuadra, además, ya me he ganado el respeto de los vecinos y responden ante cada tarea».

Este miércoles, su mirada no es tan clara como de costumbre. Recientemente se sometió a una operación del ojo izquierdo y todavía se recupera. No obstante, siente el cálido abrazo y el beso cariñoso de quienes vienen a felicitarla. Sigue leyendo