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Moña, la mujer pelotera

Por Mayli Estévez y Luis Salabarría

Ángela de Armas, Moña, nació en Santa Clara en un invierno de 1939 y aunque siempre quiso jugar béisbol de manera profesional, tuvo que aplazar sus sueños debido a los tabúes de la época y centrarse en otros deportes «más adecuados», como el básquet.

«Mi ilusión desde pequeña fue ser pelotera, pero no se podía y me dediqué a estudiar y llegué hasta tercer año de la Escuela de Economía, donde jugué baloncesto. En ese centro docente estuve en una célula revolucionaria que llevaba medicinas al Escambray y repartía bonos en la ciudad. En medio de ese ajetreo hice equipo junto a Gladys García, quien, junto a Chiqui Gómez-Lu¬bián, puso bombas en diferentes lugares, lo que le costó estar presa en las cárceles batistianas.»

—Pero usted se destacó en otros deportes…

—Sí, también pasé por equipos de atletismo, ajedrez, tenis de mesa. En este último estuve después del triunfo de la Revolución en dos campeonatos nacionales. Luego comienzo a trabajar en el Ten Cen en Santa Clara y en 1960 llego a Sagua la Grande para convertirme en la primera mujer directora del INDER en toda la Isla.

—Luego fue destinada al Plan Montaña en el Escambray, donde impartió clases de Educación Física y estuvo al frente de la Subdirección de Actividades Deportivas en Santa Clara.

—Soy fundadora del INDER, que ya por estos días cumple 50 años. Fui instructora de gimnasia básica en diferentes escuelas y juez de línea en el voleibol. Inventamos muchos modelos para el trabajo de economía del INDER; además, dirigía el Departamento de Mantenimiento del Instituto deportivo hasta mi retiro en 1995.

—¿Y ese apodo tan poco común?

—Mi abuelita llegó al hospital materno de esta ciudad y yo tenía mucho pelo; por una sola ocasión se le escuchó decir: «¡Ay, que moña tan bonita!» A mí se me quedó ese apodo, pero ella jamás lo volvió a repetir, siempre me llamó Ángela.

—Cantante, diseñadora y deportista, tal parece que la vida ha resultado corta para usted…

—Si fuese joven en esta época nadie dude que fuera del equipo femenino de pelota. Amo demasiado el béisbol y aunque no me profesionalicé, sigo creyendo que soy una mujer pelotera.