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¿Al derecho o al revés?

Un año más. Esta vez dos dígitos se combinan a capricho, de izquierda a derecha (41) o viceversa (14). De una u otra vuelta, igual me siento nuevamente, y con doble motivo, muy feliz.

Es hora de cierre en el periódico donde trabajo y aquí estoy. Sin tiempo para celebrar —con bebibles y comestibles— el aniversario de mi nacimiento. Entonces prefiero optar por una fiesta donde redacto notas informativas, bien para la web de Vanguardia o alguno de mis blogs.

Ni siquiera un breve descanso durante la noche tendré, pues debo asistir a la anunciada puesta en escena de la obra Fabio, un canto contra el terrorismo del cual ya les hablaré más adelante. Únicamente me permito un breve descanso en la lectura de tantos libros sobre teoría de género, comunicación y desarrollo local.

Aun así, este cumpleaños se lo dedico a la superación profesional. Bien vale la pena.

Motivos sobran para que, a partir de hoy, el almanaque comience a contar mis años como periodista y no como la mujer madura que soy. A fin de cuenta, la edad se mide más por las emociones que por las canas o arrugas en el rostro.

Una primera llamada, inesperada, me despertó este 24 de junio. Luego el beso de mi hija, los mensajes de muchos amigos en el muro de Facebook, o por el correo electrónico, los besos y abrazos de mis colegas y compañeros de trabajo han convertido en jornada especial este día de San Juan. En el que no ha podido falta un concierto de Gilberto Santarosa para amenizar el trabajo.

Otra vez Remedios esperó por mí. A cambio deseo que la tarde termine con un buen aguacero para que igual a otros años, como niña traviesa, bañarme bajo el torrencial que tanto limpia y alivia, de los pies a la cabeza, o viceversa.

Mujer madura y profesional adolescente

Coincidencias de la vida. Hoy llego a los 40 años  y a la vez cumplo 13 como profesional de la palabra escrita. ¡Cuánta felicidad! ¡Cuánto debo aprender aún!

He sido premiada al ver crecer a mi hija, próxima a sus 15 primaveras. Ayudarla en los estudios de manera que elija su propia formación profesional ocupa la mayor parte de mi tiempo. Convivir con mis padres, también ha resultado gratificante. Sin ellos, ¿qué sería de mí? ¿Cómo pudiera atender a Beatriz?

Antes de que saliera el sol Bety, junto a sus abuelos, se acercaron a la cama para despertarme con el primer beso del día. Luego, por todas las vías posibles recibí las felicitaciones de colegas, amigos y demás familiares. A todos les doy las gracias por tanto afecto. No deseo otra dicha mejor que la de comprobar el aprecio de quienes me rodean y con sinceridad auguran éxitos futuros, en lo profesional y personal. ¡Y mucha, bastante, salud!

Así transcurrió la jornada más importante de mi existencia. Reconozco con satisfacción que llegar a las cuatro décadas no es ser tan «vieja» como suponía. En verdad inicio el camino de mujer madura. Con la experiencia necesaria para acomodar los sentimientos según las circunstancias. Con un montón de sueños por cumplir y millones de sonrisas que regalar. Sigue leyendo